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Comenzando el Año con la Cuaresma...

Querid@s compañer@s de Camino de Encuentros Ignacianos... nuevamente comenzando a transitar un año más que seguramente muchos estamos esperando para volver a reencontrarnos y compartir esos martes que se hacen tan deseados durante la semana.

Pronto les avisaremos la fecha de comienzo.

Queremos comenzar a peregrinar juntos esta cuaresma y por eso compartimos con ustedes el mensaje del arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Bergoglio sj, para el inicio de la cuaresma.

Gesto solidario de Cuaresma 2011

Buenos Aires 9 de marzo de 2011

El ayuno que Dios quiere

Los criterios inmediatistas y eficientistas poco a poco han invadido nuestra cultura. El máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo, la inmolación del esfuerzo, del tiempo, de valores profundos y hasta de afectos vitales en vistas a un objetivo de corta duración que se presenta como plenificante en lo social o económico. De esta filosofía de vida, casi aceptada universalmente, no está exenta la vida de fe de los cristianos. Si bien la fe del discípulo se afianza y crece en el encuentro con Jesús vivo, que llega a todos los rincones de la vida y se nutre en la experiencia de ponerse de cara al evangelio para vivirlo como buena noticia que ilumina el andar cotidiano, podemos correr el riesgo de mirarlo de “reojo” y quedarnos sólo con una parte.

Hace algunos domingos, después de pronunciar el Sermón del monte, Jesús nos dijo “para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos”. Frente a esta palabra tan determinante podemos conformarnos con hacer algunas buenas obras y darnos por satisfechos. La propuesta del Señor es más ambiciosa. Nos propone un obrar “desde la bondad” que tiene su raíz en la fuerza del Espíritu que se derrama dinámicamente como don de amor para todo nuestro vivir. No se trata solamente de hacer obras buenas, se trata de obrar con bondad. Estamos en la puerta de la cuaresma y la tentación que podemos tener es la de reducirla a ciertas buenas prácticas que finalizan en la pascua, desperdiciando el caudal de gracia que puede significar este tiempo de conversión para toda nuestra vida.

Nuestro ayuno cuaresmal puede ser rutinario y llegar a ser un gesto maniqueo más que profético consistente en «cerrar la boca», porque la materia y los alimentos son impuros: cuando el ayuno que Dios quiere es partir el propio pan con el hambriento; privarnos no sólo de lo superfluo, sino aún de lo necesario para ayudar al los que tienen menos; dar trabajo al que no lo tiene curar a los que están enfermos en su cuerpo o en su espíritu; hacernos cargo de los que sufren el azote de la droga o ayudar a prevenir la caída de tantos; el denunciar toda injusticia; el trabajar para que tantos, especialmente chicos en la calle, dejen de ser el paisaje habitual; el dar amor al que está solo y no sólo al que se nos acerca.

No creamos que es el comer o el ayunar lo que importa. Lo que hace verdadero el ayuno es el espíritu con que se come o se ayuna. Si pasar hambre fuera una bendición, serían benditos todos los hambrientos de la tierra y no tendríamos porque preocuparnos. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».San Juan Crisóstomo

Jesús ayunó según la tradición de su pueblo pero también compartió la mesa de ricos y pobres, de los justos y pecadores. (Mt. ll,l9).

Ayunemos desde la solidaridad concreta como manifestación visible de la caridad de Cristo en nuestra vida. Así tiene sentido nuestro ayuno como gesto profético y acción eficaz. Así cobra sentido nuestro ayunar para que otros no ayunen. Ayunar es amar.

Necesitamos vivir la profundidad de no darle tanta importancia a la comida de la que nos privamos sino a la comida que posibilitamos a un hambriento con nuestras privaciones. Que nuestro ayuno voluntario sea el que impida tantos ayunos obligados de los pobres. Ayunar para que nadie tenga que ayunar a la fuerza.

Iniciando la cuaresma, benditos sean estos cuarenta días si nos entrenan el corazón en la actitud permanente de partir y repartir nuestro pan y nuestra vida con los más necesitados. Nuestro ayuno no puede ser dádiva ocasional sino una invitación a crecer en la libertad por la cual experimentamos que no es más feliz el que más tiene, sino el que más comparte porque ha entrado en la dinámica del amor gratuito de Dios.

Estamos en un tiempo marcado por la misión, no como gesto extraordinario sino como un modo de ser Iglesia en Buenos Aires. Cada gesto pastoral deseamos que no se agote en sí mismo sino que marque una brecha, genere una actitud que permanezca. En esta línea, queremos que el gesto solidario de cuaresma que realizamos desde hace ya varios años, nos permita rubricar el anuncio de la buena noticia, de que por el bautismo somos una familia que siente y vive como propias las angustias y dolores de todos, y todos los días del año.

Quiero agradecerles todo lo que se ha podido realizar a través de los gestos solidarios de los años anteriores y los animo a que la caridad viva sea el signo que acredite nuestras palabras de anuncio del Reino.

Que Dios los bendiga y le regale una Santa Cuaresma vivida den el amor de Dios por su pueblo

Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J.

Preparando el corazón para la pascua (3º dia)

Ejercicios espirituales abiertos en el Salvador.

Rezar en los momentos de crisis
Se olvida su madre de su criatura,
no se compadece del hijo de sus entrañas?
Pero aunque ella lo olvide,
yo nunca, yo no te olvidaré. (Is. 49,15)
Todos experimentamos momentos de caos y cri­sis. La pérdida, la muerte, la enfermedad, la de­silusión, el dolor, la soledad, el odio, los celos, la obsesión, el miedo: todos invaden nuestras vidas y con frecuencia nos hallamos agobiados por la oscuridad en la que nos sumen.
¿Qué podemos hacer frente a ellos? ¿Cómo podemos salir del caos oscuro en el que nos hunden?
La respuesta más sencilla, por supuesto, es la oración. Pero dicha respuesta se da en forma demasiado simplista. Todos hemos escuchado frases, tan ciertas en sí mismas, como: "¡Pide a Dios por eso! ¡Acude a la Iglesia! ¡Encomiéndate a Dios, Dios te ayudará!"
Sólo puedo hablar por mí mismo, aunque sospecho que mi experiencia se repite en otros casos, y he hallado con frecuencia que, cuando intento rezar en un momento de profundo dolor no encuentro consuelo y, en ocasiones, acabo más deprimido más inmerso en el caos y más obsesivamente preocupado por mi mismo que antes de rezar.
Con frecuencia acabo opacando la oración por mi pro­pio narcisismo.
Por lo general, cuando intentamos rezar en medio del dolor la oración no suele erradicar nuestro dolor y narcisismo, sino que acaba haciendo que éstos se arraiguen aún más en la autocompasión, la preocupación por nosotros mismos y la os­curidad.
Acabamos alejando aún más al Espíritu de Dios y entregándonos en cambio, al pánico, el temor, el caos, la obsesión, el resentimiento y la falta de perdón, en una palabra, a una pos­tura egocéntrica, y no de oración.
¿ Por qué? ¿ Dios no desea ayudarnos? ¿ Es simplemente una cuestión de paciencia? Dios acabará ayudándonos, ¿pero no aún?
Dios siempre desea ayudarnos y, sí, debemos ser pa­cientes, pues curar lleva su tiempo. Pero hay más cosas involu­cradas en dicho proceso. Cuando rezamos y nuestras plegarias no nos son de ayuda, lo que ocurre es que estamos rezando en forma errónea. He aprendido esto dolorosamente luego de años de cometer los mismos errores.
La oración es un centrarse en Dios, no en nosotros mismos. El problema es que cuando estamos heridos u obse­sionados, sólo podemos pensar en una cosa: en el objeto de nuestro dolor o en nuestra pérdida. Dicha concentración nos deprime, nos hace centrar tanto en una cosa que perdemos to­da libertad emocional para reflexionar o disfrutar otras cosas. La depresión es una sobreconcentración.
Por esta razón, cada vez que quedamos atrapados en la depresión, es importante que nuestra plegaria se centre comple­tamente en Dios y no en nosotros mismos.
En nuestra oración, tenderemos naturalmente a enfo­carnos y reflexionar sobre nuestro problema y acabaremos así hundiéndonos más en nuestro propio sufrimiento.
En lugar de liberarnos del sentido de pérdida y obse­sión, profundizaremos aún más la herida, haremos más fuerte el dolor y la depresión aún más paralizante.
En medio de una crisis, debemos forzarnos por centrar nuestra oración en Dios, en Jesús o en algún aspecto de su misterio sagrado, y resistir esa urgencia por enfocar dicho encuentro en nuestra experiencia dolorosa.
Permítanme ilustrar esto con un ejemplo: imaginemos que hemos perdido a un ser muy querido. Heridos, incapaces de pensar en cualquier otra cosa, recurrimos a la oración. De inmediato la tentación nos hará concentrarnos en nuestro propio corazón, en nuestra obsesión. Intentaremos hablar de lo que nos ha sucedido, por más sinceramente que lo hagamos. Pero el resultado será desastroso. Nos hallaremos más centrados en aquello de lo que deseábamos liberarnos, Nuestra depresión se intensificará, Por el contrario, si nos esforzamos, lo cual será extre­madamente difícil, en concentrarnos en Dios -por ejemplo, en cómo se revela a sí mismo en algún misterio de la vida de Cristo, traspasaremos nuestra depresión. Experimentaremos a Dios, lenta pero sutilmente, expandiendo el alcance de nuestro corazón y de nuestra mente. Con ello sobrevendrá un relajamiento y una liberación emocional.
Cuando un niño que se ha lastimado es tomado en brazos de su madre, adquiere tanta fuerza de la presencia misma de su madre que su propia herida se vuelve insignificante. Lo que ocurre con nosotros cuando nuestra gran Madre Dios nos toma en brazos. Nuestra crisis pronto se aplaca y adquiere una perspectiva de paz, no porque desaparece, sino porque la presencia de Dios la eclipsa.
Pero esto significa que debemos confiarnos en los brazos de Dios. Al igual que el niño herido, debemos centrarnos en la madre, no en nosotros mismos. Concretamente esto significa que en nuestra oración frente a una crisis, debemos negarnos a pensar en nosotros mismos, debemos negarnos a asociar el misterio sobre el que meditamos con nosotros mismos y nuestra herida. Al igual que un niño, debemos simplemente contentarnos con sentarnos sobre el regazo y ser abrazados por nuestra madre.
Será difícil, muy difícil, lograr esto. Al principio, todas nuestras emociones reclamarán que volvamos a enfocarnos en nuestro dolor. Pero allí está la clave, ¡no debemos hacerlo!
No nos sumamos más profundamente en el dolor bajo la forma de la oración. Centrémonos en Dios. Entonces, como un niño que solloza en el regazo de su madre, en silencio, podremos nutrimos de aquello que nos alimenta y trae paz.
En el seno de Dios, bebemos el Espíritu Santo, la miel de la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad, la benignidad, la tolerancia, la fe, la castidad, la esperanza y la fidelidad. En dicho sustento radica la paz.
Salmo 130

Mi corazón no es ambicioso, Señor, ni mis ojos altaneros.
No pretendo grandezas que superan mi capacidad.
No, yo aplaco y modero mis deseos,
Como un niño tranquilo en brazos de su madre,
Así esta mi alma dentro de mí.
Espere Israel en el Señor, desde ahora y para siempre.

Preparando el corazón para la pascua (2º dia)

Seguimos compartiendo el material de los Ejercicios abiertos en el Salvador.

1) PRESENCIA DE DIOS: antes de comenzar la meditación tengo que tomarme todo el tiempo necesario para sentirme en la presencia de Dios. Sentir que Él está allí y que yo estoy delante de Él; que quiere escucharme y que me quiere hablar.

2) PETICIÓN: es importante saber que es lo que vamos a buscar en esta meditación. La meditación nos orienta para eso, saber a dónde voy y a qué, qué es lo que quiero conseguir. La petición para esta oración será:

“Conocimiento interno de Dios para más amarle y seguirle”

3) PUNTOS PARA LA MEDITACIÓN:

Tras el paso de Jesús por nuestra his­toria caben ante Él dos posturas en el ámbito creyente: “Dios es así o Jesús es un blasfemo”. Fuera de la fe se podrá concluir, como Herodes y Pilatos, que era un loco o un peligro político o uno de tantos fracasados bienintencionados de la historia humana. Pero en el ámbito creyente, la pregunta y el dilema que nos deja Jesús es otro: ¿era un blasfemo imperdonable o era la revelación misma de Dios? De modo que si Jesús era así es porque revelaba a Dios y revelaba que Dios es un Dios de los pobres y que se escapa a todo intento de codificarlo religiosamente.
En efecto, toda la revelación de Dios es una especie de lucha con el hombre para que éste le acepte allí donde Dios quiere revelarse: en lo último y en lo escondido, desde lo último y entre los últimos. Una preciosa frase de la tradición ignaciana explica que “lo propio de Dios es que lo más grande que haya no puede contenerlo, mientras que cabe en lo más pequeño". Esta frase traduce con precisión y acierto lo desconcertante de la revelación de Dios en Jesús. Mil detalles de la narración evangélica, desde el pesebre hasta la cruz, señalarían en esa dirección. Pero, a pesar de esa revelación, el ser humano sigue buscando a Dios en aque­llo que es lo primero, lo más grande, des­lumbrante y avasallador.
Dios se revela en el amor y el hombre se empeña en buscarle en el poder. Poner al día nues­tra fe ha de comenzar por aceptar esto tan difícil «tan absurdo para unos y tan escandaloso para otros» (cf. 1 Cor 1,18), Porque, si confesamos a Jesús como la revelación ("La Palabra") máxima de Dios, ¿qué nos dicen los evangelios so­bre la Palabra de Dios hecha carne? Basten unas pinceladas rápidas,

- No tuvo un linaje "inmaculado" (en su genealogía, tal como la cuenta Mateo, hay dos prostitutas y un adulte­rio). Nació de una manera sospechosa: "de padre desconocido" diríamos hoy. Eso será leído luego, desde la fe en Jesús, como "nacimiento virginal". Pero los de fuera no lo leyeron así: los judíos le acusan una vez diciéndole «nosotros no somos hijos bastardos» -Jn 8,41-; y Marcos comenta ingenuamente en su ca­pítulo 6 cómo le llamaban «el hijo de María» cuando, entre los judíos, sólo se designaba a alguien por el nombre de la madre cuando no se conocía al padre. Pero sigamos con Jesús.

-Vino al mundo en un establo por­que no había otro lugar para Él. Se acer­caron a él gentes de dos gremios des­preciados: los pastores no eran esas figuritas edulcoradas de nuestros pesebres sino una de las profesiones más des­preciadas. Y los "magos" que, además de ser extranjeros y paganos, tenían un oficio que Israel castigaba incluso con la muerte. Nosotros les hemos llamado "reyes" para disimular, pero eso no lo di­ce el evangelio: con ello estamos di­ciendo sin querer que recibiremos a Dios si viene a nosotros como un jeque árabe o como un Gadaffi con su séquito; pero no si viene en un paria indú o un pobre musulmán...

-Vive la mayor parte de su vida en un pueblo miserable y desconocido, del que las gentes del entorno comentaban que no podía salir nada bueno (Jn 1,46). Comienza su vida activa en la fila de los pecadores, alineado como uno más jun­to a ellos para ser bautizado por Juan. Muy desde el principio nos dirá Marcos que hubo tres reacciones frente a Él: el pueblo sencillo le seguía y llenaba su ca­sa; "los suyos" venían a recogerlo por­que creían que estaba loco; y los sabios y letrados dictaminan que está endemo­niado y que esta es la explicación del éxito que comienza a tener (Mc 3, 21- 22). Más tarde, incluso ese mismo pue­blo le irá dejando porque no le busca a Él en realidad, sino las ventajas inme­diatas que de él puede sacar (Jn 6,26); entonces se le desautoriza como «amigo de pecadores y prostitutas» (cf. Mt 11,9).

- También las comidas de Jesús, en marcado contraste con la práctica de los banquetes casi públicos de la sociedad judía de su tiempo, tiene lugar con gente “de mal vivir”. Cuando a Jesús se le tacha de “comilón y bebedor” no es por el hecho de comer o beber demasiado, sino porque lo hace con “publicanos y pecadores” (Mt 11,19; Mc 2,16). La rabia que esto generaba es, precisamente, la que parece dar lugar a las parábolas de la misericordia ( ej. Cfr. Lc.15,1( Hijo pródigo))

- Al final, los mismos "representan­tes de Dios", los sentados en la cátedra de Moisés, le declaran blasfemo, y los representantes de la civilización y de la paz romana le declaran terrorista. «Aquel impostor» (Mt 27,63) lo definen los representantes oficiales de la ley de Dios ante el poder político. Y por eso muere violentamente, a mano de los po­deres políticos y religiosos, con la más humillante de las muertes conocidas en­tonces y afuera de la ciudad"[1].

Son demasiados rasgos, que trazan un perfil inconfundible. Por eso es tan raro que poco después se creyera en Él ¡como la revelación de Dios! Y que se le siguiera con una radicalidad tal que fue capaz de superar la oposición de los tres grandes poderes de la época: el político del imperio romano, el religioso del sa­nedrín judío y el cultural de la sabiduría griega. Raro es que así se creyera entonces, y aún más raro que así sigan creyendo muchos, todavía hoy. Lo único "comprensible", en todo caso, es que ta­maño escándalo tratemos de adulterarlo nosotros vistiéndole de rey, y proyectando sobre Él nuestra falsa idea de Dios, en lugar de dejar que se revele en Él ese Dios a quien no esperábamos ... Porque si no, ¿a dónde nos lleva semejante re­velación de Dios?.


Conclusión: la revolución en la idea de Dios
¿A donde puede llevamos? Pues a cons­tatar que, decididamente, Dios «no es de los nuestros, no se comporta como nosotros». Mateo, al inicio de su sermón del monte nos viene a decir que, quienes no estamos en situación de exclusión (pobres, hambrientos, sufridos, perseguidos e incomprendidos), sólo tenemos un camino de acercamos a Dios: la misericordia, el hambre de jus­ticia y la opción radical por los pobres, que pueden acarrearos también la per­secución. Este es el sentido de las bien­aventuranzas de Mateo.
La gran tentación es pensar que el problema del rechazo de Dios es cosa sólo de los ate­os socialistas y demás. No nos damos cuenta de que, a lo mejor, quienes pre­sumimos de «dejarle predicar en nues­tras casas y sentarle a nuestras mesas» (Le l3,26), lo estamos rechazando tanto como los que no creen en Él. San Juan no pudo decirlo más claramente: no só­lo que el mundo no le conoció, sino tam­bién que "los suyos" no le recibieron (1,10-11).


¿Las palabras y gestos de Jesús conservan para mi la fuerza del escándalo o logré domesticar su exigencias al punto que no son desafío para mi?
¿Cómo puedo desde mi realidad concreta imitar la pobreza y la humillación que Jesús eligió para manifestarse?
¿Cómo se presenta la cruz en mi vida? ¿La acepto, la busco?
¿Qué mecanismos de defensa ( excusas ) utilizo para neutralizar el desafío que me lanza el modo de proceder de Jesús?

4) COLOQUIO:
Un coloquio a Nuestra Señora para me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea recibido bajo su bandera, y primero en suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuera servido y me quisiere elegir y recibir, no menos en la pobreza actual; segundo, en pasar oprobios e injurias por imitarle más en ellas, con tal de que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona y sin desagradar a su divina majestad después decir un Avemaría
Segundo coloquio: Pedir otro tanto al Hijo, para que me lo alcance del Padre, y después decir un Alma de Cristo
Tercer coloquio: Pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda, y decir un Padrenuestro. (EE.147)

Alma de Cristo santifícame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte llámame
Y mándame ir a Ti,
Para que con tus santos Te alabe
Por los siglos. Amen

[1] Lo cual en Hbr. 13,11-13 no es sólo una indicación geográfica, sino una ligera ironía de tipo social: muere fuera de nuestra civilización, como excluido y marginal.

Preparando el corazón para la Pascua

Ejercicios Espirituales Abiertos CUARESMA 2010

1) PRESENCIA DE DIOS: antes de comenzar la meditación tengo que tomarme todo el tiempo necesario para sentirme en la presencia de Dios. Sentir que Él está allí y que yo estoy delante de Él; que quiere escucharme y que me quiere hablar.

2) PETICIÓN: es importante saber que es lo que vamos a buscar en esta meditación. La meditación nos orienta para eso, saber a dónde voy y a qué, qué es lo que quiero conseguir. La petición para esta oración será:

“Conocimiento interno de Dios para más amarle y servirle”

3) PUNTOS PARA LA MEDITACIÓN:
Un Dios no violento que suscribe la justicia y la paz

Partamos de la idea de que la manera como concebimos a Dios tiñe de un tono particular nuestra manera de concebir todas las otras cosas, especialmente la justicia y la paz y los caminos que llevan a éstas. Si concebimos a Dios como un ser violento, por más redentora que imaginemos su violencia, también concebiremos un camino que lleva a la justicia y la paz pasando por la violencia. Es triste que esto suceda muchas ve­ces, tanto en los círculos seculares como en los religiosos. De­masiado a menudo pensamos en Dios como alguien que usaría la violencia para derrocar el mal y producir la justicia y la paz. Concebimos a Dios como una fuerza de violencia redentora.
¿Qué es una violencia redentora? Es lo que sucede en el fin de una película, una novela o una canción, cuando el hé­roe consigue finalmente derrotar al matón que ha tenido aterro­rizados a todos. Hemos visto en incontables películas, libros y canciones cómo funciona la violencia redentora. Un grupo de personas buenas vive aterrorizada por un hombre violento. Entre los buenos hay un individuo bueno (se trata siempre de un hombre, porque el poder muscular será, en último término, la fuerza redentora) que es más fuerte que el matón. Él será el hé­roe cuando llegue el momento, y salvará la situación. Sentimos que será así puesto que sabemos que, en última instancia, él es más fuerte que el matón. Por el momento, el matón sigue en su mal camino e incluso intensifica su campaña contra la gente buena. Presiente la existencia del bueno que finalmente lo ven­cerá y se deleita particularmente en ejecutar acciones que lo hu­millan. El hombre bueno no le devuelve su violencia, pese a la impaciencia que nos carcome y nuestra furia cada vez mayor. Acepta tranquilamente la agresión, porque todavía no ha llega­do su momento.
Por último, la historia llega al punto decisivo. El ma­tón acorrala al héroe, que ahora no tiene elección: o pelea o muere. Entonces tiene lugar la redención. El héroe, empujado más allá del límite, se quita la chaqueta, se arremanga la camisa y le pega al matón, hasta matarlo. Las lágrimas suben a nuestros ojos porque estamos viendo cómo, por fin, se hace justicia. Se ha aplastado el mal y se ha vindicado el bien.
No nos detenemos a pensar que en realidad, lo que ha sucedido es que el bien ha resultado ser más violento que el mal.
No nos damos cuenta que nuestro buen héroe empezó como la Madre Teresa y terminó como Rambo o Batman. No conseguimos ver que el final de esta historia de redención es radicalmente lo opuesto a la historia de Jesús. Cuando Jesús es finalmente acorralado y la opción que lo enfrenta es pelear o morir (" ¡Si eres el hijo de Dios, baja de esa cruz! "), Él, a diferencia de nuestros héroes míticos, elige morir.
Debemos tener cuidado, especialmente cuando nos proponemos crear la justicia y la paz, de no confundir la historia cristiana de la redención con el mito de la violencia redentora. Debemos intentar producir la justicia y la paz del modo como lo hizo Jesús, reconociendo que el Dios a quien Jesús llamó' "Padre" no trompea a nadie. No vence a los malos ni reivindica a los buenos por medio del poder superior de su musculatura, su rapidez de reacción o su puntería con las armas. En los Evangelios , a Jesús se lo describe como un personaje poderoso más que nadie con quien la multitud se haya encontrado antes, sin embargo, la palabra que se usa para describir el poder de Jesús, exousía (una palabra griega) no se refiere al poder de la musculatura, la rigidez, ni siquiera una gracia y brillo extraordinarios . Se refiere a algo para lo cual en nuestro idioma no tenemos una traducción fácil. ¿ Qué es exousía? ¿Cual es el poder de Jesús? ¿Cómo va a traer últimamente la justicia y la paz?
Una vez se le pidió a Daniel Berrigan que diera una conferencia para estudiantes universitarios. El tema que se le asignó era algo como "La presencia de Dios en nuestro mundo actual". Su conferencia, sospecho, sorprendió a muchas de las personas que integraban su audiencia, tanto por su brevedad co­mo por su contenido. Simplemente les contó cómo él, cuando trabajaba en un hospicio para enfermos terminales, todas las se­manas pasaba algún tiempo sentado en la cama de un muchacho joven, física y mentalmente incapacitado. El muchacho lo único que podía hacer era estar acostado en su cama. No podía hablar ni comunicarse con su cuerpo o de alguna otra manera con la gente que entraba en su habitación. Permanecía mudo, impo­tente, aparentemente aislado de toda posibilidad de comunica­ción con el mundo exterior, Berrigan contó como él se sentaba regularmente junto a aquel joven, intentando escuchar lo que estaba diciendo en su silencio e impotencia.
Después Berrigan agregó otro punto: la manera como ese joven está en nuestro mundo, mudo e impotente, es idénti­ca a la manera como Dios está en el mundo. Para escuchar lo que Dios está diciendo debemos aprender a escuchar qué está diciendo aquel joven. Esta imagen es muy potente y extremada­mente útil para entender el poder de Dios en el mundo y cómo Dios se manifiesta. No se pelea con nadie o con nada. Está allí, mudo, en la base moral y espiritual de las cosas. No combate con sus músculos, su atracción, su brillo o su gracia, como lo hace el músculo y la rapidez de movimientos del atleta olímpico, o con la belleza de la estrella joven de Hollywood, o con el discurso y la retórica convincente del autor o el orador brillante.
Estas cosas, la musculatura, la rapidez, la belleza, el brillo, la gracia, reflejan la gloria de Dios, pero ésa no es la principal manera que tiene Dios de mostrar su poder en el mundo. El poder de Dios en el mundo tiene un aspecto muy diferente y se lo siente de otro modo.
¿Qué aspecto tiene el poder de Dios? ¿Cómo se siente la manera como Dios debe sentirse muy a menudo en el mundo?


• Si alguna vez has sido sometido físicamente y te has sentido impotente, si alguna vez alguien te ha gol­peado o abofeteado y te has sentido incapaz de defender­te o de devolver la agresión, entonces tú te has sentido co­mo Dios se siente en el mundo.

• Si alguna vez has tenido un sueño y descubierto que todos tus esfuerzos son inútiles y que nunca podrás convertir tu sueño en realidad, si has llorado y te has sen­tido avergonzado de tu incapacidad para defenderte y res­ponder al ataque, entonces tú te has sentido como Dios se siente en el mundo.

• Si alguna vez has debido avergonzarte de tu en­tusiasmo y no has tenido oportunidades para explicarte, si alguna vez alguien que no ha comprendido tus motivacio­nes te ha maldecido por tu bondad y tú fuiste impotente para hacerle ver las cosas a tu manera, entonces te has sen­tido como Dios se siente en el mundo.

• Si alguna vez has querido aparecer atractivo frente a alguien y fuiste incapaz de hacerlo, si alguna vez has querido a alguien y has querido desesperadamente en­contrar alguna manera de ser reconocido por esa persona, y te ha descubierto totalmente incapaz de hacer nada al respecto, entonces tú te has sentido como Dios se siente en el mundo.

* Si alguna vez has sentido que estás envejeciendo y que pierdes tanto la salud como la energía de un cuerpo joven y las oportunidades que éste puede ofrecerte, sin­tiendo que es imposible invertir el curso del tiempo; si al­guna vez has sentido que el mundo se te va de las manos a medida que vas envejeciendo y sabes que cada vez serás más marginado, entonces tú te has sentido como Dios se siente en el mundo.

• Y si alguna vez has sentido que perteneces a una minoría, que estás solo frente a la histeria de la multitud enloquecida; si alguna vez has sentido, de primera mano, la maldad enferma de un abuso grupal, en ese momento te has sentido como Dios se siente en el mundo ... y como se sintió Jesús el Viernes Santo.
Dios nunca se impone a nadie por la fuerza bruta de su poder en este mundo. El poder de Dios en este mundo nunca es el poder del músculo, la rapidez, la atracción física, el brillo o una gracia que encandila a la gente y la obliga a reconocer a gri­tos: "Sí, sí. ¡Aquí tienen un Dios!" El poder del mundo intenta actuar de esa manera. El poder de Dios, sin embargo, es más mudo, más impotente, más avergonzado, más marginado. Actúa en un nivel más hondo, en la base última de las cosas y sólo de­sea, de manera amable, poder expresarse después que todos los demás han tenido la oportunidad de decir lo suyo.
Trabajar por la paz y la justicia en este mundo no sig­nifica dejar de ser la Madre Teresa para convertirse en Rambo o Batman. El Dios que sostiene la justicia y la paz no golpea a na­die y no estamos defendiendo la causa de Dios cuando nosotros lo hacemos.


¿Qué traigo en mi corazón y en mi cabeza?, ¿de qué vengo conversando?

¿Qué actitudes, situaciones, realidades de mi vida endurecen mi corazón y distorsionan mi imagen de Dios?

Después de leer el texto ¿Cuáles son mis reacciones? ¿Qué expectativas tengo frente a Dios?

¿Me he sentido o siento defraudado ante la pasividad de un Dios que parece indiferente ante el dolor y el mal de los inocentes?¿ No abré construido un dios a imagen y semejanza de mi dureza?
Reviso mi vida a partir de estas enseñanzas.


4) COLOQUIO: este es el final de la oración. Ahora me animo a conversar sobre lo que he sentido en la oración con María que sufrió el silencio de Dios, con Jesús que se sintió abandonado en la cruz, con el Padre que se declara impotente ante la dureza del corazón humano.

Actividades para cuaresma y semana santa

Querid@s amig@s;


Compartimos con ustedes algunas propuestas que quizás puedan aprovechar para vivir esta semana santa de una manera diferente.

No duden en promocionar estas actividades que tal vez puedan servir a otros.


Preparando el corazón para la Pascua
Lugar: Iglesia del Salvador
Dirección: Callao y Tucumán
Horario: 19.30 a 21.30 hs. (comenzamos con la Misa)
Los días: Miércoles 17, Jueves 18 y Viernes 19 de Marzo de 2010

Te esperamos para compartir un momento de reflexión y oración ignaciana para prepararnos para compartir con El Señor la Semana Santa.

Organiza: CEIA (Centro de Espiritualidad Ignaciana de Argentina)



Triduo de Cuaresma
Lugar: Centro Loyola (Colegio Máximo)
Dirección: Av. Balbín (ex Mitre) 3226 – San Miguel – Bs. As
Fecha: Del 28 (t) al 31 (almuerzo)

Ejercicios en silencio para preparar la Pascua

Orienta: P. Juan J. Berli SJ
Acompañamiento personal: miembros del CEIA

Arancel: $330.-
Inscripciones: (011) 44557992, int. 148 o 111
centroloyola@jesuitas.org.ar



EJERCICIOS ESPIRITUALES EN SEMANA SANTA

Destinado a Jóvenes
Lugar: Centro Loyola (Colegio Máximo)
Dirección: Av. Balbín (ex Mitre) 3226 – San Miguel – Bs. As
Fecha: del 31 de marzo (19 hs) hasta el 4 de abril (mediodia)
Orientadores: Equipo Pastoral del CEIA
Arancel: $390.-

Informes e inscripción: Secretaría del CEIA de 10 a 15 hs ó por mail a ceia@jesuitas.org.ar


Destinado a Adultos
Lugar: Villa San Ignacio - Villa de Mayo - Bs. As.
Fecha: del 31 de marzo (19 hs) hasta el 4 de abril (mediodia)
Orientadores: Hno. Enrique Garcia sj y equipo pastoral del CEIA
Arancel: $390.-

Informes e inscripción: Secretaría del CEIA de 10 a 15 hs ó por mail a ceia@jesuitas.org.ar


Destinado a Jóvenes y adultos
Lugar: Colegio Jesús María
Dirección: Subtte Omar Abraham 2491 - Florencio Varela - Bs. As.
Fecha: del 1 de abril (18 hs) hasta el 3 de abril (18 hs)
Acompañan: Religiosas de Jesús María y equipo.
Arancel: $40.-

Informes e inscripción: por mail a retirosensilencio@gmail.com o a los tel 4351-0571/0587 de lunes a viernes en el horario de 8 a 14 hs. (Claudio) http://retirosdesilencioignacianos.blogspot.com/


En todo amar y servir.


Equipo de Encuentros Ignacianos - http://encuentrosignacianos.org  

Cuaresma 2010 - Semana 3

LA HIGUERA EN LA VIÑA



Éxodo 3, 1-8a. 13-15
Salmo 102
1Corintios 10, 1-6. 10-12
Lucas 13, 1-9


Sabemos que con muchísima frecuencia Israel es comparado con una vid, pero también se ha comparado a Israel con una higuera. Es interesante que ambas imágenes se mezclan algunas veces en los profetas (Jer 8,13; Os 9,10; Mi 7,1).

La vid representa a Israel y la higuera a Jerusalén, probablemente el uso de ambas imágenes tiene como intención simplemente reforzar la idea (ver Mi 4,4) y que quede muy claro de quienes se está hablando, de Israel, y de ese modo mover a la conversión (metánoia) que es el centro de toda la unidad.

El propietario del campo ha ido a buscar frutos en la higuera y no los ha encontrado. Lo ha venido haciendo desde hace tres años y ahora, finalmente, está decidido: cortará la higuera. Lo sorprendente ocurre con la intercesión del viñador: él se ocupará de dar alimento y bebida a la planta y mueve al dueño a una nueva y última esperanza, en este caso un año.

Este será la última oportunidad del árbol de dar frutos, sino será cortado. Como otras parábolas, el final permanece abierto, no sabemos si la higuera dio o no el fruto esperado, como no sabemos si el hijo mayor entró a la fiesta del padre por el regreso del hijo menor.
 
 
AMDG

Cuaresma 2010 - Semana 2

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS



Génesis 15, 5-12. 17-18


Salmo 26


Filipenses 3, 17-4, 1


Lucas 9, 28b-36


La alusión "seis días después" con que comienza el relato evoca la definitiva Creación, y nos hace contemplar la transfiguración de Jesús como el Sábado definitivo. La escena ocurre en dos tiempos: en el primero predomina lo visual y los discípulos contemplan a un Jesús envuelto en luz y siendo punto de encuentro de dos personajes emblemáticos de la historia de Israel. Los acontecimientos son contados desde el punto de vista de los discípulos y su relación con los otros tres personajes es de distancia y no participación: la escena se desarrolla en pleno cielo y ellos aparecen fuera de ese ámbito y sin palabra. Si Pedro pide hacer una tienda para Jesús, Moisés y Elías, es porque la situación no es habitable para ellos que se encuentran fuera de ella.



En un segundo momento la situación se invierte: desaparece todo lo visual a favor de lo auditivo y ya no hay más punto de referencia que la voz del Padre que revela su relación con su Hijo en términos de complacencia y amor. La escena ya no acontece ante ellos, ahora la nube luminosa los envuelve y cubre como una tienda. Los discípulos están ya dentro de la escena, inmersos en el claroscuro de la nube. Los que al inicio eran sólo espectadores de la luz de la gloria divina, ya no ven sino que oyen, la voz se dirige a ellos y los invado un temor que los hace caer rostro en tierra. El imperativo que reciben no es a ver una imagen fija o medible, sino a escuchar una voz que no se sabe de antemano lo que va a decir. Tendrán que fiarse en obediencia, día a día, sin saber dónde los llevará ni cómo la encontrarán.



LA ASCENSIÓN A LA MONTAÑA



El segundo umbral de nuestra hoja de ruta es un paso de montaña. Lugar de encuentro con el misterio que nos fascina y nos aterroriza. Ascender será una manera de adentrarnos en la soledad del corazón. Porque subir a la montaña es iniciarse en la ascensión del corazón.



El corazón tiene sus pasos, sus veredas, sus desfiladeros y por todos ellos hay que transitar para ascender al encuentro de Aquel que siempre nos espera en la cumbre, entre nubes, inaccesible para los que no quieren arriesgar sus pies en la aventura.



Hay que tomar una decisión previa: con quienes queremos iniciar el ascenso, con qué apoyos humanos, con qué recursos. Si tenemos fortaleza de ánimo para el duro camino, para sortear los obstáculos, para confiar en Quien desde lo más íntimo del corazón nos guía.



Con Jesús, sus tres amigos emprenden la subida al monte de Dios, y nos invitan a tomar su mano y a acompañarles en la aventura. Animosos alcanzaremos con ellos la cima, pero sin saber lo que allí nos aguarda.



El carisma y la profecía coinciden de forma misteriosa en un horizonte de cruz. Por eso cuando la conversación de Jesús con ellos se hace más densa y peligrosa, cuando la sombra del fracaso se abre paso entre sus comentarios, nos entra miedo y nos sobrecogemos como los tres amigos, apegados a la tierra.



La Sombra del Altísimo nos cubre como a María y la Fuerza del Misterio nos levanta de nuestra ensoñación. No hay que hacer tres chozas, sino bajar a la llanura de Esdrelón y continuar la tarea de sanación y de anuncio.



El umbral de la montaña tiene doble dirección: subimos para bajar. Nos adentramos en el misterio numinoso de la Presencia para salir fortalecidos y seguir caminando junto a Jesús hasta el próximo umbral.



¿Sabremos o no sabremos atravesarlo?
 
 
AMDG:.::... 

Cuaresma 2010 - Semana 1

LAS TENTACIONES DE JESÚS


Deuteronomio 26, 4-10
Salmo 90
Romanos 10, 8-13
Lucas 4, 1-13

La tradición bíblica pone en boca de Dios este recuerdo idílico de la etapa del desierto: "Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño de joven esposa, cuando me seguías por el desierto" (Jer 2,2). Por eso evoca esa etapa de la historia de Israel como un lugar de desposorios entre Dios y un pueblo que se sintió conducido, alimentado y cuidado por su Señor a lo largo de aquellos 40 años.

Sin embargo su respuesta fue en muchas ocasiones infidelidad, adulterio, desconfianzas, dudas, murmuraciones e idolatría: "No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando me tentaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aunque habían visto mis obras" (Sal 95, 8). Y es que Israel añoraba las seguridades de Egipto y las prefería a una vida confiada únicamente al cuidado de Dios.

A pesar de ello, será en el desierto donde Él manifieste su misericordia y la esplendidez de sus dones: el agua de la roca, el maná, la nube, la Alianza en el Sinaí. Por eso el significado del desierto no es prioritariamente penitencial, sino el de un lugar privilegiado de encuentro personal y de escucha de la Palabra: "La llevaré al desierto y hablaré al corazón" (Os 2,16).



EL PRIMER UMBRAL: TIERRA SIN HUELLAS

En el comienzo de un tiempo nuevo se nos invita a pasar el umbral camino hacia el desierto, la tierra sin huellas.

Cruzar este primer umbral es dejar atrás lo cotidiano, lo conocido, lo trillado. Ir desde los caminos apisonados, que ya se han hecho senda, carretera o incluso autopista por donde sabemos conducir apresuradamente para descubrir el descampado, el lugar sin caminos, los trazos del viento sobre la arena. Todo cambia con cada racha de viento o con cada luz del día. Todo es incierto: atravesar el desierto es tener orientarse por las débiles señales que en cada ocasión nos sorprenden.

Cruzar el umbral de lo banal para descubrir en el desierto lo extraordinario de la vida. La fascinación de un atardecer en el que la Voz clama y la Palabra nos despierta al gozo de una transformación inesperada, a un cambio de vida.

Si nos atrevemos, al otro lado no es la soledad lo que descubrimos, no es el asilamiento del vacío. Es la palabra del Hijo que hace de las piedras panes, del protagonismo exacerbado servicio humilde, de la tentación del poder adoración. Es la palabra que en el desierto aprende a caminar como los niños: agarrados a la mano de la madre, del Misterio luminoso y protector.

Demasiados caminos transitados guardamos en las botas como para arriesgarnos de nuevo en la aventura. Pero la mochila que tenemos a la espalda nos pesa y nos hunde a cada paso en el fango movedizo de nuestro frágil corazón.

Todo queda en silencio ante la decisión que deberemos tomar para gustar lo nuevo, o para agotarnos cada vez más en la esterilidad de una vida que ya no nos alimenta, sino que nos desgasta las fuerzas y nos va haciendo perder poco a poco la energía vital.


Cruzar el umbral o quedarse a este lado. Esa es la invitación de esta nueva hoja de ruta. Quedarnos como estamos o intentar el cambio que se nos promete. Ese es, realmente, el problema.

Jesús en el desierto, tentado y victorioso, nos invita, nos llama.


AMDG::...

Comenzamos el martes 30 de marzo a las 20 hs.

Querid@s amig@s;


Nuevamente nos ponemos en contacto para comenzar a caminar este 2010. Comenzamos en la Iglesia un tiempo muy hermoso que es la CUARESMA.

La Cuaresma es un tiempo de libertad, de creatividad, de verdad, de crecimiento espiritual. Anunciar la cuaresma es anunciar la conversión como un hecho que plenifica a la persona. Es prepararnos para despojarnos del corazón de hombres viejos para abrirnos a la misericordia de Dios que, por Cristo, hace en nosotros un nuevo corazón. Anunciar la cuaresma es invitar a todos a reconocer que Dios está de parte del hombre y quiere ejercer misericordia con los que reconocen su realidad.

Desde Encuentros Ignacianos queremos seguir viviendo y compartiendo una espiritualidad encarnada que hace al hombre libre y pleno.


PARA AGENDAR: Comenzamos el martes 30 de marzo a las 20 hs.

Por último compartimos una linda oración para preparar el corazón en esta cuaresma. (Publicada en http://www.pastoralsj.org)



Yo, pecador

Señor!.
Cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tu,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.

Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
El amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.
Que yo vuelva a ver (Lc 18, 41)
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos....
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:
¡PADRE NUESTRO!

Ignacio Iglesias, sj

A mayor Gloria de Dios


Equipo de Encuentros Ignacianos-.


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