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Carta del Padre Rubén Strina sj


18 de abril de 2013

Queridos amigos,

Con mucha alegría les cuento que la provincia argentino uruguaya de la Compañía de Jesús, a la cual pertenecemos, está haciendo un lindo camino en la pastoral juvenil y vocacional gracias a un interesante trabajo en red. Esta manera de trabajar nos permite conectarnos para sentirnos más unidos, a la vez que nos posibilita optimizar los recursos.

La Red Juvenil Ignaciana (RJI) está compuesta por todos los grupos de jóvenes que viven, con sus características propias, la espiritualidad ignaciana. Es en este marco dentro del cual estamos trabajando y deseamos continuar haciéndolo, para ello nos vemos en la necesidad de reordenar nuestra propuesta apostólica.

En función de lo anterior decidimos dar por terminados los “Encuentros Ignacianos” para dar lugar al “Espacio Ignaciano San Francisco Javier”. Un nuevo espacio de encuentro para jóvenes adultos entre 26 y 35 años, que comenzará en breve, los días martes de 20 a 21.30 en la sede del CEIA. Así, respondemos a la necesidad de dar desde el Evangelio una palabra específica para las situaciones que se presentan en cada etapa de la vida.

Para quienes, por cuestiones de edad u horarios, no se encuentren comprendidos en esta propuesta quedamos a disposición para buscar juntos otros espacios de crecimiento espiritual e inserción apostólica.

Espero que sigamos creciendo juntos en la fe. Con el cariño de siempre, un fuerte abrazo en el Señor.

Rubén Strina sj

Martes 22 de Junio: Taller Ignaciano

“PRESUPUESTOS BÁSICOS DEL DISCERNIMIENTO”

Para los cristianos el sentido de la vida radica en amar. Por eso Dios nos plantea que el amor (a Él, a los demás y a nosotros mismos) es el único mandamiento que realmente importa. Por eso si nosotros amamos radical y profundamente estamos en el camino de la liberación, la salvación, la plenitud. Entonces la pregunta clave es: ¿yo cristiano, hoy y aquí, cómo vivir lo más radical, profunda, plena y concretamente el amor? El cristiano deberá discernir de entre todas las posibilidades que tiene cuál es la más conducente para vivir el amor. Cotidianamente deberemos preguntarnos ¿qué hacer y cómo?, ¿qué actitudes impulsar, cuáles evitar?, para que cada uno encuentre su camino de ser auténtico cristiano.

Propongo aquí, algunos presupuestos básicos del discernimiento espiritual que yo considero importantes:

a. Somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza. Dios nos dotó de la capacidad de permanecer en contacto con él. Nuestra relación, nuestra comunicación con él es posible porque nos dio un corazón que está en sintonía con su corazón, nos dio inteligencia como la de él, nos doto de voluntad, libertad, capacidad de amar y ser amados, etc. Dones todos que nos permiten crear, mantener, enriquecer, profundizar nuestra relación íntima con Dios. Somos sangre de su sangre, carne de su carne, espíritu de su espíritu, por lo tanto la comunicación con Él es algo natural, es parte de nuestro “equipo”, sólo falta que lo ejercitemos lo mejor posible.

b. Los seres humanos somos un conjunto de dimensiones muy unidas entre sí, complementarias, indisolublemente entrelazadas: física-biológica, psicológica racional, psicológica afectiva, social y espiritual. Para establecer una relación profunda e íntima con Dios es necesario poner en juego todas las capacidades que tenemos, y cada una de estas dimensiones nos brinda posibilidades de comunicación con Dios. Una comunicación integral, lo más plena posible sólo se logra si vivimos de manera integrada y armónica todas nuestras dimensiones.

c. La iniciativa de comunicación es de Dios, él siempre está disponible al contacto, al encuentro, al diálogo. Dios es el Padre inmensamente bueno, que nos ama incondicionalmente, siempre dispuestos a recibirnos, a dialogar, a compartirnos su vida, a abrazarnos... El discernimiento es un instrumento para que nosotros mantengamos abierta la comunicación con Dios.

Lo que sustenta nuestra vida, lo que le da sentido y plenitud es que Dios nos ama primero: “Envió Dios a su Hijo único a este mundo para darnos la vida por medio de Él. Así se manifestó el amor de Dios entre nosotros. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero...” (1Jn 4,9-10). Dios se mantiene fiel, su amor no se acaba, Él sigue y seguirá presente y activo en nuestra vida, en nuestra historia “... ‘Mi Padre sigue trabajando'. Yo también trabajo’...” (Jn 5,17)

d. La voluntad de Dios es que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). Dios no quiere otra cosa que nuestra realización plena, que todos vivamos, aquí y ahora, lo más plenamente posible. Y esto implica que atendamos todas nuestras dimensiones y necesidades: físicas-materiales, psicológicas-afectivas y espirituales. Buscar su voluntad es pues buscar nuestra plenitud. No debemos temer el dialogo con nuestro Padre Dios, el nunca nos propondrá nada que vaya en contra de nuestra integridad ni de nuestra dignidad. Discernir significa entonces que cada quien dialogue con Dios para buscar y vivir en concreto este plan de vida plena. También significa que en comunidad busquemos que la mejor forma de convivir, de ir construyendo el Reino de Dios desde ahora, en espera de la realización plena que será gracia de Dios (cfr. GS 66. 72).

Dios nos creó y además nos hizo buenos (Gén 1,31). Todo lo creado por Dios, es bueno. Por lo tanto todo nos ayuda a vivir la voluntad de Dios. Debemos usar todo lo que Dios nos dio para vivir: "Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas" (Ef 6,13). De todo lo que hay en el mundo debemos elegir en cada situación concreta aquello que más nos lleve a vivir en plenitud el mandamiento del amor, la voluntad de Dios.

e. Dios nos hizo libres, Él no nos obliga a seguir su plan, su proyecto, su voluntad. Nos invita, nos propone pero jamás se impone sobre nosotros. Si no fuera así entonces no tendría caso que hiciéramos discernimiento. Si fuéramos “robots” programados, si Dios fuera como un titiritero que manejará con hilos nuestras vidas no habría necesidad de discernir. Pero no son así las cosas. Dios respeta nuestra libertad y por eso es necesario discernir, la vida, la realidad está llena de posibilidades unas buenas, otras mejores para vivir en plenitud; por eso se hace necesario elegir y optar por la mejor, la que más nos posibilite esa vida plena para mí y los demás.

El discernimiento es una de las armas que tenemos para ver qué hacer y cómo hacerlo, de tal manera que vivamos lo más fiel y concretamente la voluntad de Dios. El discernimiento supone una actitud de “indiferencia”, de libertad ante todo lo creado para optar por lo que más nos lleve a vivir la voluntad de Dios; también el discernimiento, al ejercitarlo, fortalece la auténtica libertad de los hijos de Dios: “Ustedes, hermanos, fueron llamados para gozar la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne; más bien háganse esclavos unos de otros por amor...” (Gál 5,13).

Liberarnos de todo aquello que nos obstaculiza el vivir radicalmente el amor implica un gran esfuerzo. Debemos luchar contra las influencias externas que nos desvían del camino; pero también, y más importante, debemos luchar contra nuestras propias tendencias contrarias al amor. Dios nos hizo buenos, pero no podemos negar que tenemos limitaciones. Somos luz y oscuridad, gracia y pecado, vida y muerte. Esta realidad es innegable. Por eso debemos estar atentos y ser críticos ante nuestros criterios, juicios, impulsos, deseos, ideas, interpretaciones de la realidad, etc., para descubrir cuáles nos acercan y cuáles nos alejan del amor, de Dios, de la plenitud. No se puede afirmar que todos nuestros deseos, impulsos, criterios... son todos y siempre contrarios a Dios. Si así fuera no tiene caso hacer discernimiento, bastaría con hacer siempre lo contrario a estos deseos, impulsos, criterios para cumplir la voluntad de Dios. Y tampoco podemos caer en la postura ingenua e irresponsable de afirmar que todos nuestros deseos, impulsos, criterios nos llevan a Dios.

No somos perfectos, pero somos perfectibles, vamos en un proceso de integración, de liberación, de salvación. Y esto implica irnos despojando de aquello que nos estorbe, nos esclavice. Despojarnos interna y externamente, personal y comunitariamente debemos buscar, encontrar los elementos que obstaculizan nuestra vida plena, la voluntad de Dios. En este sentido, debemos guardar una actitud crítica ante la ley. Las leyes se generan e instituyen para ayudarnos a seguir el camino correcto de humanización; pero cuando cualquier ley deja de servir para ese fin es necesario quitarla y generar otra más iluminadora e impulsadora.

f. La clave de la vida cristiana es conocer a Jesús, porque entre más lo conocemos más los amamos y entre más lo amamos más lo seguimos. Conocer sus sentimientos, sus pensamientos, deseos, proyectos, ideales, esperanzas, preocupaciones, etc. Ser cristiano no es sólo luchar por la justicia, la paz, la fraternidad. Es eso y más: amar a Dios. Este amor debe ser la fuente de todo lo que hacemos o dejamos de hacer.

Conocerlo significa relacionarme con él como mi hermano, compañero, amigo; significa ir sintonizándome más con sus criterios, proyectos, impulsos, necesidades, juicios, valores, etc.: “Como hijos amadísimos de Dios, esfuércense por imitarlo, sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo que los amó a ustedes.” (Ef 5,1).

El discernimiento para que sea lo más auténticamente cristiano supone esta identificación con Jesucristo, supone que la persona vive ya un proceso y un compromiso de fe, supone ya un grado de amistad con Jesús. Y, al mismo tiempo, nos ayuda a avanzar en este encuentro personal con Jesús. El discernimiento cotidiano es un excelente medio para profundizar la cercanía con Dios. Este proceso de conocimiento pide poner en práctica todas mis capacidades físicas, psicológicas, afectivas, intelectuales, espirituales. Rezar, meditar, contemplar, reflexionar, estudiar, trabajar, dialogar, compartir, amar etc. son verbos que constantemente debemos practicar para avanzar en la identificación con Jesús.

Martes 22 de Junio: Taller Ignaciano

"Discernimiento Ignaciano"

BUSCA UN TIEMPO PARA TI Y PARA EL SEÑOR. Ejercítate, pues, en orar cada día sobre tu vida. Haz para ello una pausa de paz en el tiempo. No es un esfuerzo de introspección, quizás morbosa, sino de reconocimiento del Señor. Búscate un tiempo propicio y, para empezar, reaviva tu fe en la presencia del Señor aquí y ahora y en ti. Presencia no es la mera cercanía física, indiferente y sin relación personal. El que está en todas partes, existe y está en ti y contigo y para ti, aquí y ahora. Hazte tú también presente, así, ante el Señor.

PIDE ILUMINACIÓN.- Pídele al Espíritu su luz para saber verle en la opacidad de tu vivir ordinario, en las experiencias germinales de vida y en las de desgarro y muerte; en las de consolación y en las de desolación. No te quedes miope sin ver la mano y el corazón de Dios en lo que ha sido tu vida de hoy, aun en lo aparentemente insignificante. Recorre y mira despacio, contempla con perspectiva y objetividad, sin juicios ni rechazo, “cómo te ha ido hoy”, lo que ha pasado y te pasa. Fíjate en las personas que se han cruzado contigo, las circunstancias que han tejido tu jornada, lo que has hecho, lo que has sentido, vivencias, reacciones, actitudes interiores, llamadas del Señor, … No trates de abarcarlo todo cada vez, sólo lo que emerja en tu consciencia, lo que te destaca o, quizás, lo que ha marcado tu hoy.

AGRADECE.- Descubre, en ese hoy que has vivido, el amor del Señor por ti. Dale gracias de lo que has recibido de El. Tu vivir ha sido pura gracia. Todo te ha sido dado gratis, todo para tu bien (Rom 8, 28-38); incluso del mal ha cosechado bien para ti y para el mundo. Y en lo que te ha dado, se te da Él mismo. Concreta tu gratitud por las personas o acontecimientos que han sido cauces de su amor, mediaciones de su gratuidad; también en las pequeñas cosas que ya miras como naturales o debidas y son, sin embargo, detalles de Alguien que no te olvida y te acompaña, milagros a los que te has acostumbrado. No agradecer es no aceptar ser amado. La mayor parte de toda oración ha de ser de admiración y agradecimiento, porque todo es gracia, don de Dios.

PON TU OÍDO, SIENTE CON EL CORAZÓN. Y escucha al Señor. En todo lo que ha configurado tu vida de hoy resuenan, si sabes escuchar, en tu interior, en tu más profundo centro, palabras dirigidas personalmente a ti. “La unción que han recibido de El permanece en ustedes y no necesitan que nadie les enseñe” (1 Juan 2, 27). Palabras sin ruido que guiarán tu vida y tu misión en el mundo. Palabras del Señor que identificarás como del Señor y no tuyas, por la paz, claridad, fuerza y amor, que te desbordan hacia los demás, aumentan tu caridad, tu esperanza y tu fe; con una mirada nueva sobre todo y sobre todos. Te sorprenderás, si eres fiel a esta escucha diaria, que te sugieren lo que quizás no intuías o tal vez rehuías. Aunque no veas el horizonte total, darás al menos con lucidez el paso de hoy, disponible a nuevas llamadas. Irás aprendiendo a discernir lo que el Señor quiere de ti.

EFECTOS INMEDIATOS: Desde esa experiencia del amor de Dios por ti, y sólo desde ella, constatada en tu circunstancia de hoy, mírate a ti mismo; o mejor, contrasta con la ternura del Señor contigo, tu amor y tu desamor con El. Así podrás pedir perdón desde el corazón agradecido al Amor que es nuestro Dios, que no quiebra la caña cascada, ni apaga el pabilo vacilante.

EFECTOS SECUNDARIOS: Poco a poco vivirás así, cada vez más, con Dios tu vida entera. Te encontraras con Él en cualquier parte o circunstancia. Y él será tu referencia permanente para tus decisiones diarias. “No temas, Yo estoy contigo” (Jer 1, 8).

Taller Ignaciano

Martes 27 de abril de 2010

“REQUISITOS HUMANOS PARA EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL”

Todo hombre y toda mujer, más allá de su confesión religiosa, posee un instinto de supervivencia. La vida es el don más preciado que tenemos, y en todas nuestras opciones buscamos la vida. “Elige la vida y vivirás” (Dt 30,19), pero muchas veces elegimos mal y nos encontramos con la muerte, aún con las mejores intenciones. Por eso es necesario revisar si contamos con los requisitos necesarios para que nuestras decisiones encuentren vida.

Entendemos Vida Humana no como algo individualizante o al margen de la vida de los otros. Sin división ni confusión, la vida humana abarca la propia personal, la vida de los demás, especialmente de los pobres. Vida es todo aquello que nos hace íntegros, buenos, bellos y auténticos. La vida es reconocible por la felicidad que produce.

Ahora bien, ese optar por la vida se puede traducir en seis actitudes básicas:

1. Saber trabajar equilibradamente sabiendo descansar.
El trabajo nos constituye como personas, confiere la dignidad al ser humano. Esta actitud de saber trabajar no implica únicamente la eficiencia laboral, mas aún cuando vivimos en una sociedad que nos hace adictos al trabajo y a la actividad cronometrada. Trabajar equilibradamente implica la capacidad de poder reponer esa fuerza de trabajo, con el descanso y los nutrientes necesarios a nivel físico, psíquico y espiritual. También implica mi creatividad personal, es decir, producir desde lo más íntimo de mis potencialidades, es transformar la realidad desde el propio sello personal, de manera que “haciendo cosas” me hago a mí mismo.

2. Poder “construir el amor”.
Otro eje que nos constituye como personas es la capacidad de construir vínculos de amor. Amor implica entrega, donación, buscar la felicidad del otro para sólo así experimentarla en mí mismo. Supone una buena dosis de confianza, una base decente de autoestima. Significa poner todo lo que está de nuestra parte para que el amor acontezca en nuestro entorno.
Se construye amor cuanto se tiene la capacidad de comprometerse con la otra persona con todo lo que implica la metáfora de una construcción: planear, limpiar, esperar, poner cosas nuevas, aceptar lo que nos se cambia, embellecer, insistir… Ahora bien, este construir el amor no se puede hacer al margen de los demás: sólo si estamos en solidaridad profunda con los demás, y especialmente con los necesitados de toda índole, se puede evaluar esta opción por la vida.

3. No ser “moscas” sino “abejas”.
La tercera actitud que nos prepara a optar por la vida supone cómo situarme ante la realidad: no ser “moscas”, que sólo se paran en la basura y, además, la llevan de una parte a otra; ser más bien “abejas”, que captan el mejor néctar de las flores y producen la miel, alimento nutritivo y medicina fundamental.

4. La capacidad de dialogar.
Si alguien tiene la actitud humana de dialogar, puede discernir. El que no dialoga con quien puede ver y tocar, más difícil le será escuchar al invisible Espíritu de Dios. Dialogar no es lo mismo que proponer ideas, discutirlas e imponerlas. Es ponerse en los zapatos del otro, en su óptica, más aún, en su misma piel, para ver desde su perspectiva y comprender lo que el otro siente. Esta actitud de diálogo es lo que se llama “escucha empática”. Supone también la capacidad de mantener la relación aún en el conflicto, en la discrepancia.
El diálogo incluye la capacidad de perdonar, sabiendo que el perdón es todo un proceso, muchas veces no tenido en cuenta. En el fondo si puedo perdonar, es que tengo la actitud de estar en el otro y de abrir mi horizonte. Eso me prepara para poder discernir y elegir humanamente. Me hace disponible y dócil a la verdad.

5. El cuidado de mi entorno personal.
Las personas poseemos un entorno personal. Así como los países tienen fronteras que no pueden cruzarse sin permiso, así también sucede entre personas. Son los límites que permiten relacionarse en forma segura y saludable. Un límite personal comprende el saber quien es uno y cuales son sus pensamientos y sentimientos y donde comienzan los de los demás. Una persona que tiene límites personales reconoce y respeta el estado de separación e individualidad del otro, sabe que tiene una amplia gama de elecciones en cuanto a como relacionarse con los demás, que abarca desde la intimidad hasta simplemente ser un conocido.

6. La sana autoestima, que es la base de todo lo demás.
La sexta actitud básica es una adecuada estima personal, hecha de autovaloración y aceptación positiva, fundamento de todas las anteriores y del poder optar por la vida, pues la aprecio en mí. La autoestima es un fenómeno auditivo: son voces que nos hablan de nuestra aceptación personal –o la falta de ella-. Es la voz interna que me da la capacidad de valorar objetivamente mi persona y a los demás.
Hay cuatro elementos que definen una adecuada estima: 1. saber reconocer mis cualidades, alegrarme de ellas y ponerlas al servicio de los demás; 2. saber reconocer mis fragilidades y límites, aceptarlas como partes mías, pero haciendo un compromiso de crecimiento; 3. reconocer, celebrar y nutrirme de las cualidades de los demás; 4. saber “aguantar” las limitaciones y defectos de quienes me rodean, y acogerlos sin exigirles cambiar como condición de ello.
Quizá donde más se nota la falta de estima es en la incapacidad de perdonarse uno mismo, por el alto grado de culpabilización. Esto implica un profundo trabajo de curación de heridas. Una baja estima necesita un conocimiento personal serio, y un trabajo de saneamiento y reestructuración de las voces negativas. Por eso, la opción por la vida como base para un discernimiento, implica un trabajo personal a fondo.


PREGUNTAS PARA ENCONTRARME (Cada grupo de preguntas se corresponden con las seis actitudes anteriores.)

1. ¿Evalúo mi trabajo? ¿Tengo un proyecto personal que reviso con frecuencia? ¿Vivo con estrés? ¿Cómo me doy alimento y descanso en los niveles físico, psíquico y espiritual? ¿Sé valorar positivamente el ocio y el descanso?

2. ¿Tengo amistades profundas y duraderas? ¿Tengo amigos/as entre gente pobre? ¿Soy capaz de convivir alguna vez con los problemas urgentes de las mayorías? ¿Cómo está mi capacidad de reír, de generar buen ambiente, de ser como un “oasis” para los demás? ¿Me doy cuenta que la vida y el cariño no pueden quedar al margen de mis decisiones?

3. ¿Suele ser negativa mi primera impresión ante situaciones y personas? ¿Suelo juzgarme fácilmente por mis fallas y límites? ¿Siento que vivo escuchando voces culpabilizantes? ¿Cómo le saco fruto a los acontecimientos negativos? ¿Cómo hago para que las personas saquen lo mejor de sí mismas?

4. ¿Cuánto aprendo de los demás? ¿He cambiado gracias al aprendizaje que los demás me ofrecen? ¿Puedo escuchar a los demás “poniéndome en sus zapatos”, desde su realidad y situación? ¿Tengo pendiente algún proceso de perdón? ¿Cuáles son mis dificultades a la hora de perdonar?

5. ¿Puedo estar en contacto con lo que quiero y deseo? ¿Puedo tener cierta claridad en mis creencias, pensamientos, decisiones, opciones? ¿Se mantener un espacio neutro en las relaciones con los demás? ¿Cuánto he aprendido a ser flexible y adaptable, y al mismo tiempo sin invadir, maltratar y abusar, y sin permitir ser invadidos, maltratados y abusados?

6. ¿Me siento siempre mal conmigo/a mismo/a, como criticándome por todo? ¿Me siento siempre atacada/o, como guardando resentimiento? ¿Tengo un excesivo miedo a equivocarme? ¿Me cuesta decir “no”? ¿Tengo frecuentemente una flotante hostilidad? ¿Me sienten agresivo/a los demás? ¿Dicen otros que soy muy difícil de conformar, que nada me viene bien, que todo me decepciona?


AMDG:..

17 de Noviembre de 2009

TALLER IGNACIANO: DISCERNIMIENTO [EE 313-327]

REGLAS PARA SENTIR DE ALGUNA MANERA LAS VARIAS MOCIONES QUE SE PRODUCEN EN EL ALMA. LAS BUENAS, PARA RECIBIRLAS; LAS MALAS PARA RECHAZARLAS

DOS TIPOS DE PERSONAS


EL HOMBRE EN ENEMISTAD CON DIOS

En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el enemigo, comúnmente, acostumbra proponerles placeres aparentes, haciéndoles imaginar deleites y placeres sensuales para mantenerlos más y hacerles intensificar sus vicios y pecados.


En éstas personas el espíritu bueno actúa de modo contrario, aguijoneándoles y remordiéndoles la conciencia mediante el recto uso de la razón.

EL HOMBRE QUE BUSCA A DIOS

En las personas que intensamente van purificándose de sus pecados, y en el servicio de Dios nuestro Señor de bien en mejor progresando, sucede de modo contrario a lo anterior.


Porque entonces es propio del mal espíritu morder con escrúpulos, entristecer y poner impedimentos, inquietando con falsas razones para que no avance. Y propio es del bueno dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando todos los impedimentos, para que siga progresando en el buen obrar.



DOS ESTADOS ESPIRITUALES


LA CONSOLACIÓN ESPIRITUAL

Llamo consolación espiritual, cuando en el alma se produce alguna moción interior, con lo cual el alma viene a inflamarse en el amor de su Creador y Señor y, como consecuencia, cuando- con tal moción - ninguna cosa creada sobre la faz de la tierra puede amar en sí, sino sólo en el Creador de todas ellas.


Asimismo cuando derrama lágrimas que la impulsan al amor de su Señor, bien sea por el dolor de sus pecados o por la pasión de Cristo Nuestro Señor, o por otras cosas directamente ordenadas a su servicio y alabanza.


Finalmente llamo consolación todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda alegría interna que llama y atrae hacia las cosas celestiales y salvación de la propia alma, aquietándola y pacificándola en su Creador y Señor.

LA DESOLACIÓN ESPIRITUAL

Llamo desolación espiritual a todo lo contrario de la tercera regla: así como oscuridad del alma, turbación en ella, inclinación por las cosas bajas y terrenas, inquietud por diversas agitaciones que llevan a desconfianza, sin esperanza, sin amor, hallándose - el alma- toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Señor. Efectivamente, así como la consolación es contraria a la desolación, de la misma manera los pensamientos que surgen de la consolación son opuestos a los pensamientos que surgen de la desolación.

CÓMO ACTUAR EN LA DESOLACIÓN


 En tiempo de desolación NUNCA HACER MUDANZA, sino estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba antes de la desolación, o en la determinación en que estaba en la consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar.

 Ya que en la desolación no debemos cambiar los primeros propósitos, mucho aprovecha el HACER CONTRA a la misma desolación, así como insistir más en la oración, meditación, en los exámenes, ofreciendo algún modo conveniente de penitencia.

 (CONFIANZA EN DIOS) El que está en desolación, considere cómo el Señor le ha dejado a prueba en sus fuerzas naturales, para que resista a las varias agitaciones y tentaciones del enemigo; porque puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda, aunque claramente no lo sienta.

 El que está en desolación, trate SER PACIENTE, que es lo contrario a las tentaciones que le vienen, y piense que será pronto será consolado, poniendo los medios necesarios contra la desolación.



TÁCTICAS DEL TENTADOR

 El enemigo se hace como mujer en ser DÉBIL POR FUERZA PERO APARENTAR SER FUERTE... es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dejando sus tentaciones, cuando la persona pone mucha fuerza contra las tentaciones del enemigo haciendo lo diametralmente opuesto. Por el contrario, si la persona comienza a tener temor y perder ánimo, no hay bestia tan fiera sobre la faz de la tierra como el enemigo de la naturaleza humana, cuando busca su dañada intención con tan crecida malicia.

 Se hace como vano enamorado en QUERER SER SECRETO Y NO DESCUBIERTO: porque así como el hombre vano, que hablando a mala parte requiere a una hija de un buen padre, o una mujer de buen marido, quiere que sus palabras y engaños sean secretos; y lo contrario le disgusta mucho, cuando la hija al padre o la mujer al marido descubre sus vanas palabras y su intención depravada, porque fácilmente sabe que no podrá salir con la empresa comenzada: de la misma manera, cuando el enemigo trae sus astucias y engaños al alma justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto; pero cuando las descubre a su buen confesor o a otra persona espiritual, que conozca sus engaños y malicias, mucho le pesa: porque sabe que no podrá terminar con su malicia comenzada, al ser descubiertos sus engaños manifiestos.

 Se hace como un caudillo, para vencer y robar lo que desea; porque así como un capitán y caudillo del campo, asentando su real y mirando las fuerzas o disposición de un castillo, LE COMBATE POR LA PARTE MÁS DÉBIL; de la misma manera el enemigo, rodeando, mira alrededor todas nuestras virtudes y por donde nos halla más débiles y más necesitados, por allí nos combate y procura vencernos.

 
Puntos para la Oración
 
"Tú lo dices: soy rey"
 
GUÍA PARA LA ORACIÓN: Los pasos que te pueden ayudar para la oración, son:


.: PREPARACIÓN de la Oración: BUSCO UN LUGAR donde pueda rezar, determino el TIEMPO DE ORACIÓN, también una POSTURA CORPORAL cómoda y relajada, ME TRANQUILIZO, tomo conciencia de las SENSACIONES, SONIDOS, la RESPIRACIÓN y del SILENCIO.

.: Me dispongo a sentirme en la PRESENCIA DE DIOS: Me presento ante Él. Siento que Dios me mira, me escucha, me conoce…

# OFREZCO este momento de oración, para que sea un momento de encuentro con Dios, y me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy.


ORACIÓN PREPARATORIA [EE 46]: “Pido a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.”

# PREÁMBULOS

1º) COMPOSICIÓN VIENDO EL LUGAR: [EE 47].

Imaginar a Cristo predicando por los campos y los pueblos, y llamando a sus discípulos y apóstoles

2º) PETICIÓN: será “demandar/pedir a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo” [EE 48].

“Señor, que te reconozca como rey de mi vida”

.: ESCUCHO A DIOS

Leo despacio el texto con el que voy a rezar GUSTANDO cada palabra, cada frase, cuando encuentro algo con un sabor especial o donde siento que Dios me habla, ME DETENGO, repito suavemente la frase. No es necesario terminar el texto, lo importante es profundizar y detenerme donde Dios me da a sentir algo especial.

Texto: Jn 18,33-37


En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús le contestó: "¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?" Pilato replicó: "¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?" Jesús le contestó: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí." Pilato le dijo: "Conque, ¿tú eres rey?" Jesús le contestó: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz." Palabra del Señor


Para Profundizar:


Jesús Rey está delante de Pilatos. Este Rey tiene en su cabeza una corona de espinas, en sus manos atadas no tiene un cetro, no está sentado en un trono sino que se encuentra de pie frente a su acusador. Este es nuestro Rey, tu Rey, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre que quiere conquistar el mundo para Gloria de Dios. Quiere conquistar el mundo a través de la verdad, el amor, el perdón.


Este Rey te dice: “Mi voluntad es conquistar todo el mundo y todos los enemigos y así entrar en la gloria de mi Padre”. Esa es su empresa. De modo que “el que quiera venir conmigo ha de trabajar conmigo (Lc. 22,28), para que siguiéndome en la pena me siga también en la gloria”.


Otros reyes también te dicen que quieren conquistar el mundo, y también te invitan a seguirlo. ¿Cuáles son tus otros reyes, qué cosas dominan, manejan tu vida? ¿Dónde está tu corazón?


¿Cómo resuenan en tu interior estas preguntas?


¿Qué hice por Cristo?, ¿Qué hago por Cristo?, ¿Qué haré por Cristo?


¿Querés ofrecer toda tu vida a su servicio? ¿Cómo, cuándo, dónde? ¿Podés decir que Jesús es “tu” Rey?


.: Hablo con Dios: COLOQUIO: un DIÁLOGO LIBRE de corazón a corazón, con JESÚS.


HABLARLE COMO RESPUESTA A LO QUE HE VISTO. Es el momento de OFRECERME POR ENTERO ANTE UN DON TAN GRANDE, COMPROMETIENDO TODA MI LIBERTAD Y TODA MI VOLUNTAD.

Hablo con sinceridad pidiendo una gracia, o un consejo, exponiendo una preocupación, pidiendo perdón, haciendo una pregunta, alabando a Dios…

Me despido con reverencia, y le DOY GRACIAS por este encuentro.

Termino con una ORACIÓN, rezando:


.: EXAMEN DE LA ORACIÓN: El examen es volver a mirar, a recordar, para describir lo que me pasó durante la oración… Entonces con todo mi ser y en especial las tres potencias:


– Memoria: sentimientos, afectos, re-cordis  (recordar)


– Entendimiento: ideas, conexiones, reflexiones, comparaciones


– Voluntad: deseos, ganas, opciones

Miro las imágenes, los pensamientos que surgieron a raíz de las imágenes y los sentimientos que se me producen a raíz de las imágenes y pensamientos…

Lo fundamental es: ¿Qué es lo que me pasó? ¿Cómo me quedé? ¿Qué mociones (movimientos) descubro que tuve? Describir y Escribir.

* ¿Cómo estoy? ¿Cómo comencé? ¿El lugar, sirvió? ¿Tuve distracciones? ¿Qué me distraía? ¿Qué pensamientos me vinieron? De todas las frases que leí, ¿cuál fue la que me gustó? ¿Qué sentí? ¿Qué sentimientos predominaron? ¿Cómo terminé la oración? ¿Cómo me sentía?


* Una vez que escribiste todo esto, describí todos los sentimientos que pudiste encontrar en todas las partes de la oración. Por ahora, advierto lo que siento y lo describo. Y lo escribo. En dónde sentiste más gusto, o al contrario, más disgusto, y también qué sentimiento te dominó…

TOMA SEÑOR [EE 234]

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo mi haber y poseer; Vos me lo diste, a Vos, Señor, lo torno;

todo es Vuestro, disponed a toda vuestra voluntad;

dadme tu amor y gracia, que ésta me basta.

A mayor Gloria de Dios:::...