CARD. CARLO M. MARTINI - GEORG SPORSCHILL. Del libro "Coloquios Nocturnos en Jerusalén". Sobre el riesgo de la fe. Ed. San Pablo 2008 pag. 139 ss
¿Cuál es su visión personal acerca de estas cuestiones de la sexualidad? ¿Puede ayudar usted como teólogo ofreciendo una orientación?
Para mí reviste una importancia fundamental el hecho de que la entrega es la clave del amor. El hombre está llamado a ir más allá de sí mismo. Eso significa existir para otros y estar en dependencia de ellos. Pero la entrega tiene que ver también con la trascendencia. En ella podemos ascender de un nivel dado a otro más elevado. El amor matrimonial lleva ínsita una dinámica que parte de lo animal y de la reproducción de la especie, pero esa dinámica tiene una meta. La trascendencia pasa por la amistad y la relación de pareja, por la protección del débil, por la educación, hasta llegar el reino de Dios. En la entrega, los hombres se abren a Dios. Hacia esa meta tendemos nosotros en el encuentro corporal. Mirar hacia esa meta es más importante que preguntar si se trata de algo permitido o de un pecado. La sexualidad tiene una dinámica que no te deja satisfecho con lo que has alcanzado. Te destruyes y destruyes la relación si te quedas donde estás.
Pablo se refiere a la trascendencia en el encuentro, al crecimiento del amor corporal y espiritual cuando dice: el cuerpo no está para la fornicación, sino para Jesucristo.
Viendo cómo viven los jóvenes hoy en día la sexualidad, ¿cómo puede la Iglesia entrar en diálogo con ellos sobre ese punto? ¿Qué debería acentuar? ¿A qué debería hacer referencia?
En comparación con la época de mi juventud, el mundo de hoy es totalmente distinto: por lo menos, es más sincero y abierto. Antes no se quería casi ni hablar del tema de la sexualidad: se lo reservaba para el confesionario y para el ámbito de la culpa. Primariamente no es ese el ámbito al que pertenece; sólo secundariamente corresponde tratarlo allí cuando realmente se trata de culpabilidad y de problemas. Hoy me encuentro con una gran naturalidad y libertad de prejuicios. En esta convivencia de padres, hijos e hijas, de adultos y niños, veo una gran oportunidad para una sexualidad sana y humana.
La misma comienza en la responsabilidad consciente por el niño. ¿Puedo responder del hecho de traer un niño al mundo o no traerlo? Sobre eso reflexionan los jóvenes y hablan con personas de su confianza. Ningún obispo ni sacerdote ignora hoy que se da la cercanía corporal de los hombres antes del matrimonio. Aquí tenemos que cambiar de mentalidad si es que queremos proteger la familia y promover la fidelidad matrimonial. Con ilusiones o prohibiciones no se puede ganar nada. Entre mis amigos y conocidos he podido ver cómo los jóvenes salen de vacaciones y duermen juntos en una misma habitación. A nadie se le ocurría ocultarlo o plantear problemas al respecto. ¿Debería yo decir algo? Es difícil. No puedo entenderlo todo, aun cuando percibo que, tal vez, en este punto está surgiendo un nuevo respeto mutuo, un aprender unos de otros y una convivencia más intensa de las generaciones. Esto hace felices a los jóvenes y a los mayores y no desatiende ni a unos ni a otros en sus preguntas sobre el amor y la soledad. Yo quiero acompañar este desarrollo con benevolencia, formulando preguntas y con oración. Creo que no es tiempo de intentar dar en este punto respuestas de validez general. Siempre traigo a colación un principio pastoral o psicológico fundamental: las respuestas sólo caen en terreno fértil si antes se ha puesto sobre la mesa una pregunta, si antes he observado o he escuchado. Especialmente en estas cuestiones tan profundamente humanas como la sexualidad y la corporalidad no se trata de recetas, sino de caminos que comienzan en el hombre y que conducen hacia delante. Un célebre médico dijo una vez que mucha gente en este campo sufre de una «ignorancia inocente». No podemos exigir de los niños y jóvenes todo lo que sería ideal. Poco a poco encontrarán su camino. Los caminos no pueden dictarse desde arriba, desde escritorios o púlpitos. La conducción de la Iglesia se sentirá liberada de una carga si presta oídos a la juventud y confía en el diálogo con ella. Lo decisivo es que promovamos a los cristianos en su capacidad individual de juicio.
Pero, en última instancia, la Iglesia puede y debe invocar la Biblia. En afirmaciones sobre la sexualidad, la Biblia se limita de forma llamativa. Frente al adulterio marca una línea clara. Está absolutamente prohibido irrumpir en el matrimonio ajeno. La Biblia es también muy clara cuando se trata de violencia contra las mujeres. Está prohibida. Jesús coloca en el centro a los niños y a todos los que necesitan protección. En el trato con ellos se muestra qué niveles de humanidad tiene una sociedad. Pero, más allá de estas líneas claras que la Biblia traza, se nos remite a la propia responsabilidad y al discernimiento de los espíritus.
No debemos perder de vista que, a pesar de todo, en la Iglesia se ha dado un desarrollo positivo en la comprensión de la sexualidad. Antes se la veía de modo muy restringido, orientada exclusivamente a la procreación. Los moralistas hablaban del finis pvimarius, del fin primario de la sexualidad. También el concilio Vaticano II creó un horizonte mucho más vasto y atribuyó conscientemente la misma importancia a la vida de pareja y al amor mutuo de los conyugues.
¿Qué debe aprender la Iglesia de todo esto?
La Iglesia debe trabajar en el desarrollo de una nueva cultura de la sexualidad y de la relación. Tiene que hacerlo también como una aportación a un profundo problema: en los países occidentales, uno de cada dos o tres matrimonios termina divorciado. No deberíamos culpabilizar a determinadas personas. En cambio, sí podemos y deberíamos desarrollar una nueva cultura que promueva la ternura y la fidelidad. Sólo en un mundo semejante podrán los niños ser niños y crecer felices.
Esa cultura implica también la crítica a la comercialización de la sexualidad, que halla acceso a los cuartos de estar de todas las casas por medios que van desde la propaganda hasta la pornografía. De ese modo se amenaza el misterio del amor, y las relaciones pierden su tensión. Antes hablábamos del respeto en el trato con los demás y con el propio cuerpo. En la formación en el noviciado se nos hablaba mucho del respeto como virtud general, que incluía el trato recíproco, la discreción y la reserva. Aun cuando esta palabra resulte pasada de moda, hoy adquiere una nueva crítica actualidad. El respeto toca también la sexualidad y tiene que ver de forma inmediata con la dignidad del ser humano. Yo quisiera agregar de todos modos esta provocación a la reflexión.
El deseo de que el magisterio diga algo positivo sobre la sexualidad es justificado. En otros tiempos hubo tal vez demasiados pronunciamientos oficiales de la Iglesia en el ámbito del sexto mandamiento. A veces hubiese sido mejor guardar silencio.
El amor toca a los hombres de manera inmediata: no se los puede excluir de la búsqueda de una respuesta y de un camino. Pensemos en el episodio bíblico en el que los escribas arrastran a una mujer adúltera a la presencia de Jesús y le preguntan si hay que apedrearla. Jesús no responde a la pregunta, sino que juzga a los mismos escribas porque han convertido a esa mujer en un objeto y no la han escuchado. Además, el varón implicado en el adulterio no estaba presente. En cualquier caso, la Iglesia debería tratar las cuestiones de la sexualidad y de la familia de tal modo que la responsabilidad de los que aman desempeñe un papel protagonista y decisivo. Con independencia de lo que la Iglesia pueda decir, lo que diga tendría que apoyarse en muchas espaldas: las de los cristianos adultos que quieren ser respetuosos en el amor.
La sexualidad y la intimidad
Escrito por Wilkie Au y Noreen Cannon
Nuestros esfuerzos por amamos no pueden excluir a la sexualidad, nuestro yo encamado. Una espiritualidad que niegue al cuerpo, como si no tuviera importancia alguna en la vida del amor a Dios y a los demás, da lugar a una división que acaba por mutilar nuestro crecimiento espiritual. Igualmente dañinas son las actitudes que oponen el cuerpo al espíritu, fomentando la convicción de que la sensualidad y la sexualidad son actitudes anticristianas e incluso pecaminosas. Lejos de eso, una espiritualidad cristiana global considera que la sexualidad está intrínsecamente relacionada con nuestra capacidad para amar porque nuestra relación con el prójimo se lleva a cabo en calidad de personas corpóreas y tiene lugar entre seres sexuales.
Muchos de cuantos crecimos en ambientes que cultivaban el temor a la sexualidad por tratarse de algo "sucio" o "reprobable," nos acercamos al mundo de la sexualidad como si fuera algo que no tuviera nada que ver con nosotros. A menudo nuestra sexualidad está confinada a la sombra, donde se ve rechazada y condenada al exilio, lo que hace que nuestros corazones se enfríen y resulte imposible una entrega generosa y gozosa.
Toda la cuestión de la sexualidad está rodeada de ansiedad, prejuicios, culpa y una absoluta ignorancia, hasta el punto de que tenemos que acordamos una y otra vez del verdadero sentido de la encarnación, esto es, que Dios se hizo carne para ser uno con nosotros. Cristo, la Palabra hecha carne, estableció su hogar en el cuerpo humano, "puso su carpa entre nosotros", que también es para nosotros nuestro hogar. Cuando negamos la bondad de nuestros cuerpos, estamos rechazando a Dios, que escogió tener un cuerpo. Aunque la sexualidad de Jesús no se menciona de forma explícita en los Evangelios, no debemos pensar por ello que Jesús no fue tan humano como nosotros o que fue un ser asexuado, con mayor proporción de espíritu que de cuerpo. Por el contrario, el retrato que tenemos de Jesús a través de los Evangelios refleja la figura de un hombre cuya sexualidad irradiaba hacia los demás, incorporándolos en una vinculación íntima con su persona. Con frecuencia, movido por la compasión, se acercaba espontáneamente a tocarles (Mc 1, 42), a darles de comer (Mc 6, 30-34), o los abrazaba (Mc 10, 16) dando muestras de un amor tan grande que necesitaba ser expresado más allá de las palabras, con todo el cuerpo.
Como seguidores de Jesús, la sexualidad tiene una importancia central en nuestro viaje hacia la integración y la santidad. Tan sólo cuando nos sintamos en casa en nuestro cuerpo, aceptando la gracia que supone sabemos seres sexuales, seremos capaces de abordar libre y confiadamente las relaciones y compromisos que acompañan a la vivencia del amor.
PREGUNTAS PARA LA REFLEXION Y EL COMPARTIR
Estas preguntas son una manera de ponerte en contacto con tu propia historia sicosexual[1], de descubrir lo que en ti necesita crecer más o sanar: No pienses que tienes que responder a todas, sino detenerte en aquellas que al escucharla te produzca algún tipo atracción, resonancia corpórea inquietud, curiosidad…
También puedes desear reflexionar sobre ellas en otras ocasiones. Puede parecerte útil destinar algún tiempo para hacerlos dentro de tu oración, para anotar tus respuestas en tu diario, o compartirlas con un amigo cercano o persona significativa.
PRENATAL
l. ¿.Qué sabes acerca de las circunstancias del embarazo de tu madre cuando te esperaba a ti? ¡.Cómo era entonces su salud física y emocional? ¿Fumaba, bebía alcohol o consumía drogas durante el embarazo? ¿Cuánto tiempo transcurrió desde que tuvo el último hijo hasta que estuvo embarazada de ti? ¿Qué apoyo sistemático tuvo?
2. ¿Cómo pasaba el tiempo tu madre, mientras estaba embarazada de ti? ¿Cual era el nivel de estabilidad emocional a su alrededor en ese tiempo? ¿Quién más vivía en la casa? ¿A qué se hubiera parecido el ser un bebé en sus entrañas?
3. ¿Qué sabes del trabajo de parto de tu madre y del momento en que te dio a luz? ¿Dónde naciste? ¿Quién estuvo presente en tu alumbramiento? ¿Hubo algunas complicaciones? ¿Has escuchado alguna vez la historia de tu nacimiento?
4. ¿Qué preguntas tienes sobre tu propia experiencia prenatal?
5. ¿Cómo crees que te han afectado tus experiencias prenatales? ¿Descubres alguna relación entre: Las experiencias de tu madre cuando estaba embarazada y tu nivel de autoestima actual? ¿Sentido de pertenencia? ¿Grado de tranquilidad interior o ansiedad? ¿Derecho a estar aquí?
NIÑEZ
1. ¿Qué recuerdos "del cuerpo", qué historias o imágenes tienes de la manera como te cargaban, te alimentaban, te cuidaban, cuando eras bebé? ¿Qué relación encuentras entre estas experiencias tempranas y el grado de bienestar que te produce al presente el contacto corporal? al dar y recibir afecto? al sentirte necesitado físicamente o a gusto psíquicamente?
2. ¿Qué fotografias has visto de cuando eras bebé? ¿Cuál piensas/sientes que fue tu experiencia como bebé? o ¿qué significaba ser un bebé en tu familia, cuando tú naciste?
3. ¿Qué recuerdas de tus experiencias cuando jugabas? de tus compañeros? juguetes preferidos? juegos? ¿Cómo se relacionan éstas actualmente, con tu interés por las personas diversiones?
4. ¿ "Qué recuerdos tienes sobre el procurarte placer? (masturbación)
5. ¿Hubo algún trauma durante tu niñez? abuso sexual? ¿Fuiste "sorprendido" en algún juego sexual o exploración del cuerpo? algún castigo relacionado con la conducta sexual?
6. ¿Qué recuerdas o qué se te ha dicho para ir comprendiendo tu identidad de género (masculinidad o femineidad)? ¿Cómo se valoraba a los chicos y chicas en tu familia? se les trataba de diferente manera? ¿Cuáles eran las reglas de la familia para la "conducta del chico" y "conducta de la chica"?
7. ¿Cuándo niño, qué mensajes recibiste de tus padres acerca del sexo y la sexualidad? de tus hermanos? amigos? de la Iglesia? la escuela? ¿Qué efecto tuvieron entonces esos mensajes? y ahora? cuáles te ayudaron? cuáles no te ayudaron?
8. ¿Cómo crees que se expresan hoy tus experiencias de la niñez sobre la sexualidad en tu:
• grado de bienestar corporal y autoestima?
• sensaciones de despertar sexual?
• "conversación intima" sobre tu sexualidad?
• maneras de intentar conectarte con otros, como hombre o como mujer?
• grado y tipo de culpabilidad sexual? malestar? bienestar?
ADOLESCENCIA
l. ¿Cuáles son los recuerdos de tus años de adolescencia que brotan espontáneamente en ti? Tómate un tiempo para volver atrás a tus años de secundaria o a otras cosas dignas de recordar. ¿Qué resonancia encuentran en ti esos sentimientos y memorias?
2. ¿Cómo obtuviste tu primera información sexual cuando eras niño o joven adolescente? ¿Cuáles eran las actitudes de tus padres ante la sexualidad? ¿Qué mensajes recibiste directamente de ellos? ¿e indirectamente ?
3. ¿Qué recuerdos tienes del placer sexual experimentado en tu persona durante este período? ¿Cuál fue tu nivel de exploración y experiencia sexual? ¿Qué tipo de sensaciones acompañaba a estas experiencias?
4. ¿Hubo algunas experiencias sexuales traumáticas o abuso sexual durante tus años de adolescencia? Si es así, ¿cómo te han afectado estas situaciones? ¿Qué clase de ayuda o sanación recibiste como parte de tu recuperación?
5. ¿Cómo hombre o mujer joven qué pensabas acerca de tu persona? ¿Cuáles eran los "mensajes de tu yo" o "tu conversación interior"? ¿Qué estaba sucediendo en el ámbito de tus amistades y relaciones personales? ¿Y la historia de tus citas?
6. ¿Qué conciencia tenías acerca de la orientación de tu sexualidad? ¿Si sentías que te orientabas al mismo sexo, o te sorprendía, cómo respondiste a esa toma de conciencia?
7. ¿Con quién podías hablar del sexo cuando eras adolescente? ¿En quién podías confiar? ¿De quién recibir información?
8. ¿Qué recuerdas del contenido de tus fantasías sexuales durante este período de tu vida?
9. ¿Cuáles fueron tus experiencias de culpabilidad durante la adolescencia?' ¿Qué hiciste con esos sentimientos?
ADULTEZ
l. ¿Cuáles han sido tus experiencias y conductas sexuales como adulto? ¿Qué es lo que te hace sentir mejor al recordarlas? ¿o sentirte peor?
2. ¿Cuáles son tus preguntas más urgentes? ¿Con quién las has compartido? ¿Cómo estás tratando de contestarlas?
3. ¿Cuál es el contenido de tu fantasía sexual en esta etapa de tu vida? ¿Hay algunos patrones de violencia contra otros, que tú reconoces y tratas de despertar? ¿Manipulación? ¿Desprecio propio?
4. ¿Hasta qué punto eres sensible a las necesidades, maneras de ser, y deseos de los más cercanos a ti? ¿Cómo expresas en palabras y acciones esta sensibilidad?
5. ¿Cómo te sientes hoy acerca de tu cuerpo? ¿Hasta qué punto lo conoces bien? ¿Cuidas de él? ¿Qué es lo que más te gusta de tu cuerpo? ¿Qué te gustaría poder cambiar?
6. ¿Cómo te describiría la gente que te conoce mejor? ¿Qué adjetivos usarían?
7. ¿Hasta qué punto eres fiel a tus compromisos? ¿Puedes confiar en otros? ¿Se puede confiar en ti?
8. ¿Qué es necesario que suceda para promover un mayor crecimiento en tu vida de relación psicosexual? ¿Qué esperas del futuro?
Ejercicio
El objetivo de este ejercicio es recolectar la historia de la propia sexualidad, camino para reconocer la herida: en todas las áreas se puede haber recibido heridas desde el seno materno hasta más o menos los siete años; pero en el área sexual también es posible recibir heridas en la época de la adolescencia.
Desarrollo esta matriz que responda a:
· Edad_______________________________________________________
· Experiencia ¿qué fue lo que pasó?___________________________________
· Características ¿cuales son los detalles de esa experiencia?__________________
· ¿Qué reprimí? Por ejemplo mi capacidad de expresar afecto…de______________
· ¿Qué plenificó?________________________________________________
· Vinculación afectiva ¿Hubo o no hubo vinculación afectiva?_________________
· ¿Cómo lo vivo ahora?____________________________________________
[1] La sexualidad es algo más que la genitalidad. Es la fuerza vital que expresa el cuerpo: une el afecto con las pulsiones corporales.
La genitalidad hace alusión a los actos que tienen con los órganos sexuales. Ahora bien la sexualidad posee una capacidad metafórica del significado de la vida: para el hombre capacidad de trascender a sí mismo, de ir más allá de sí (erección y expulsión del semen), capacidad de penetrar lo más hondo, de comunicar y de fructificar. Como, también toda la riqueza -hasta ahora inexplorada- del pene fláccido que nos habla de lo suave, lo pequeño, lo blando, lo cotidiano, como parte de lo que es ser hombre en totalidad (Cfr. NELSON, James, "Abrazar la masculinidad" en La sexualidad y lo sagrado, Desclée De Brouwer (Cristianismo y sociedad), 1996, Bilbao, pp. 306 ss). Para la mujer, capacidad de interiorización (vagina), de acogida, de cobijo, de comunicar y fructificar, que implica además, la capacidad inherente de nutrir y defender la vida, (pechos erguidos, en la excitación, llenos y manantes en la lactancia) que le devuelven a la mujer la agresividad muchas veces reprimida por sí misma y por la sociedad.
También puedes desear reflexionar sobre ellas en otras ocasiones. Puede parecerte útil destinar algún tiempo para hacerlos dentro de tu oración, para anotar tus respuestas en tu diario, o compartirlas con un amigo cercano o persona significativa.
PRENATAL
l. ¿.Qué sabes acerca de las circunstancias del embarazo de tu madre cuando te esperaba a ti? ¡.Cómo era entonces su salud física y emocional? ¿Fumaba, bebía alcohol o consumía drogas durante el embarazo? ¿Cuánto tiempo transcurrió desde que tuvo el último hijo hasta que estuvo embarazada de ti? ¿Qué apoyo sistemático tuvo?
2. ¿Cómo pasaba el tiempo tu madre, mientras estaba embarazada de ti? ¿Cual era el nivel de estabilidad emocional a su alrededor en ese tiempo? ¿Quién más vivía en la casa? ¿A qué se hubiera parecido el ser un bebé en sus entrañas?
3. ¿Qué sabes del trabajo de parto de tu madre y del momento en que te dio a luz? ¿Dónde naciste? ¿Quién estuvo presente en tu alumbramiento? ¿Hubo algunas complicaciones? ¿Has escuchado alguna vez la historia de tu nacimiento?
4. ¿Qué preguntas tienes sobre tu propia experiencia prenatal?
5. ¿Cómo crees que te han afectado tus experiencias prenatales? ¿Descubres alguna relación entre: Las experiencias de tu madre cuando estaba embarazada y tu nivel de autoestima actual? ¿Sentido de pertenencia? ¿Grado de tranquilidad interior o ansiedad? ¿Derecho a estar aquí?
NIÑEZ
1. ¿Qué recuerdos "del cuerpo", qué historias o imágenes tienes de la manera como te cargaban, te alimentaban, te cuidaban, cuando eras bebé? ¿Qué relación encuentras entre estas experiencias tempranas y el grado de bienestar que te produce al presente el contacto corporal? al dar y recibir afecto? al sentirte necesitado físicamente o a gusto psíquicamente?
2. ¿Qué fotografias has visto de cuando eras bebé? ¿Cuál piensas/sientes que fue tu experiencia como bebé? o ¿qué significaba ser un bebé en tu familia, cuando tú naciste?
3. ¿Qué recuerdas de tus experiencias cuando jugabas? de tus compañeros? juguetes preferidos? juegos? ¿Cómo se relacionan éstas actualmente, con tu interés por las personas diversiones?
4. ¿ "Qué recuerdos tienes sobre el procurarte placer? (masturbación)
5. ¿Hubo algún trauma durante tu niñez? abuso sexual? ¿Fuiste "sorprendido" en algún juego sexual o exploración del cuerpo? algún castigo relacionado con la conducta sexual?
6. ¿Qué recuerdas o qué se te ha dicho para ir comprendiendo tu identidad de género (masculinidad o femineidad)? ¿Cómo se valoraba a los chicos y chicas en tu familia? se les trataba de diferente manera? ¿Cuáles eran las reglas de la familia para la "conducta del chico" y "conducta de la chica"?
7. ¿Cuándo niño, qué mensajes recibiste de tus padres acerca del sexo y la sexualidad? de tus hermanos? amigos? de la Iglesia? la escuela? ¿Qué efecto tuvieron entonces esos mensajes? y ahora? cuáles te ayudaron? cuáles no te ayudaron?
8. ¿Cómo crees que se expresan hoy tus experiencias de la niñez sobre la sexualidad en tu:
• grado de bienestar corporal y autoestima?
• sensaciones de despertar sexual?
• "conversación intima" sobre tu sexualidad?
• maneras de intentar conectarte con otros, como hombre o como mujer?
• grado y tipo de culpabilidad sexual? malestar? bienestar?
ADOLESCENCIA
l. ¿Cuáles son los recuerdos de tus años de adolescencia que brotan espontáneamente en ti? Tómate un tiempo para volver atrás a tus años de secundaria o a otras cosas dignas de recordar. ¿Qué resonancia encuentran en ti esos sentimientos y memorias?
2. ¿Cómo obtuviste tu primera información sexual cuando eras niño o joven adolescente? ¿Cuáles eran las actitudes de tus padres ante la sexualidad? ¿Qué mensajes recibiste directamente de ellos? ¿e indirectamente ?
3. ¿Qué recuerdos tienes del placer sexual experimentado en tu persona durante este período? ¿Cuál fue tu nivel de exploración y experiencia sexual? ¿Qué tipo de sensaciones acompañaba a estas experiencias?
4. ¿Hubo algunas experiencias sexuales traumáticas o abuso sexual durante tus años de adolescencia? Si es así, ¿cómo te han afectado estas situaciones? ¿Qué clase de ayuda o sanación recibiste como parte de tu recuperación?
5. ¿Cómo hombre o mujer joven qué pensabas acerca de tu persona? ¿Cuáles eran los "mensajes de tu yo" o "tu conversación interior"? ¿Qué estaba sucediendo en el ámbito de tus amistades y relaciones personales? ¿Y la historia de tus citas?
6. ¿Qué conciencia tenías acerca de la orientación de tu sexualidad? ¿Si sentías que te orientabas al mismo sexo, o te sorprendía, cómo respondiste a esa toma de conciencia?
7. ¿Con quién podías hablar del sexo cuando eras adolescente? ¿En quién podías confiar? ¿De quién recibir información?
8. ¿Qué recuerdas del contenido de tus fantasías sexuales durante este período de tu vida?
9. ¿Cuáles fueron tus experiencias de culpabilidad durante la adolescencia?' ¿Qué hiciste con esos sentimientos?
ADULTEZ
l. ¿Cuáles han sido tus experiencias y conductas sexuales como adulto? ¿Qué es lo que te hace sentir mejor al recordarlas? ¿o sentirte peor?
2. ¿Cuáles son tus preguntas más urgentes? ¿Con quién las has compartido? ¿Cómo estás tratando de contestarlas?
3. ¿Cuál es el contenido de tu fantasía sexual en esta etapa de tu vida? ¿Hay algunos patrones de violencia contra otros, que tú reconoces y tratas de despertar? ¿Manipulación? ¿Desprecio propio?
4. ¿Hasta qué punto eres sensible a las necesidades, maneras de ser, y deseos de los más cercanos a ti? ¿Cómo expresas en palabras y acciones esta sensibilidad?
5. ¿Cómo te sientes hoy acerca de tu cuerpo? ¿Hasta qué punto lo conoces bien? ¿Cuidas de él? ¿Qué es lo que más te gusta de tu cuerpo? ¿Qué te gustaría poder cambiar?
6. ¿Cómo te describiría la gente que te conoce mejor? ¿Qué adjetivos usarían?
7. ¿Hasta qué punto eres fiel a tus compromisos? ¿Puedes confiar en otros? ¿Se puede confiar en ti?
8. ¿Qué es necesario que suceda para promover un mayor crecimiento en tu vida de relación psicosexual? ¿Qué esperas del futuro?
Ejercicio
El objetivo de este ejercicio es recolectar la historia de la propia sexualidad, camino para reconocer la herida: en todas las áreas se puede haber recibido heridas desde el seno materno hasta más o menos los siete años; pero en el área sexual también es posible recibir heridas en la época de la adolescencia.
Desarrollo esta matriz que responda a:
· Edad_______________________________________________________
· Experiencia ¿qué fue lo que pasó?___________________________________
· Características ¿cuales son los detalles de esa experiencia?__________________
· ¿Qué reprimí? Por ejemplo mi capacidad de expresar afecto…de______________
· ¿Qué plenificó?________________________________________________
· Vinculación afectiva ¿Hubo o no hubo vinculación afectiva?_________________
· ¿Cómo lo vivo ahora?____________________________________________
[1] La sexualidad es algo más que la genitalidad. Es la fuerza vital que expresa el cuerpo: une el afecto con las pulsiones corporales.
La genitalidad hace alusión a los actos que tienen con los órganos sexuales. Ahora bien la sexualidad posee una capacidad metafórica del significado de la vida: para el hombre capacidad de trascender a sí mismo, de ir más allá de sí (erección y expulsión del semen), capacidad de penetrar lo más hondo, de comunicar y de fructificar. Como, también toda la riqueza -hasta ahora inexplorada- del pene fláccido que nos habla de lo suave, lo pequeño, lo blando, lo cotidiano, como parte de lo que es ser hombre en totalidad (Cfr. NELSON, James, "Abrazar la masculinidad" en La sexualidad y lo sagrado, Desclée De Brouwer (Cristianismo y sociedad), 1996, Bilbao, pp. 306 ss). Para la mujer, capacidad de interiorización (vagina), de acogida, de cobijo, de comunicar y fructificar, que implica además, la capacidad inherente de nutrir y defender la vida, (pechos erguidos, en la excitación, llenos y manantes en la lactancia) que le devuelven a la mujer la agresividad muchas veces reprimida por sí misma y por la sociedad.
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