Encuentro de Oración
Guía para la Oración Ignaciana
Preparación: Busco un lugar donde pueda rezar, determino el tiempo de oración, también una postura corporal cómoda y relajada, me tranquilizo, tomo conciencia de las sensaciones, sonidos, la respiración y del silencio.
Me dispongo a sentirme en la presencia de Dios le abro la puerta de mi corazón. Busco encontrar en mi interior la presencia del Señor y eso es lo único importante… Me presento ante Él. Siento que Dios me ama, me mira, me escucha, me conoce…
Petición: “Que mi corazón busque, que cosas me alejan de tu presencia y de la de mis hermanos.”
Ofrezco este momento de oración para que sea un encuentro con Dios, me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy.
Escucho a Dios: Leo despacio el texto con el que voy a rezar gustando cada palabra, cada frase, cuando encuentro algo con un sabor especial o donde siento que Dios me habla, me detengo, repito suavemente la frase, trato de meditar con el corazón, con los afectos. No es necesario terminar el texto, lo importante es profundizar y detenerme donde Dios me da a sentir algo especial. No se trata ni de pensar, ni de hacer reflexiones, sino sentir y gustar internamente.
Mc 13, 24-32 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Jesús dijo a sus discípulos: "En aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre. Palabra del Señor.
Coloquio: Elijo con que persona de la Santísima Trinidad quiero hablar, un diálogo libre de corazón a corazón…
Para profundizar:
El evangelio nos anuncia la venida de Jesús. Podemos rezar como es en nuestro presente, su venida a nuestros corazones, cuan atentos y preparados estamos.
Nuestro carisma ignaciano nos invita a ser contemplativos en la acción, a descubrir a Dios en todas las cosas de la faz de la tierra. También a ser hombres y mujeres para los demás.
Principio y Fundamento (EE 23), El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para que es creado………..El hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin,………solamente deseando y eligiendo lo que conduce al fin para el que somos creados.
Examino cómo ando con las cosas, si están de acuerdo al Principio y Fundamento (EE 23) si estamos usando bien de ellas, si somos indiferentes, no apegados, eligiendo las que más nos conduce, o por el contrario me siento perdido en ellas, atrapado, no priorizando nada, enamarañado....Las cosas son oportunidades para encontrarnos con Jesús y también para alejarnos de El, de nuestros hermanos y de nosotros mismos.... Siguiendo lo que nos compartía Mónica, cuan tomados por las cosas estamos hoy, cuantas propuestas que muchas veces nos alejan de nuestro fin.
Estamos invitados a saber leer los signos de los tiempos que vivimos e interpretarlos bien, desde la Palabra en oración y diálogo espiritual con otro....
Al comienzo el evangelio habla del sol, la luna, las estrellas, por lo general al contemplarlas nos conectan con el Creador y nos dan Vida…Comienza diciendo lo contrario que dejarán de alumbrar, de brillar, de iluminar….nos puede dar sensación de desencuentro, de oscuridad, de desolación y esto nos invita a un encuentro (siguiendo con lo del taller puede ser con nuestra herida) que nos duele, que nos molesta. Vamos realizando un conocimiento interno de nuestros sentimientos y afectos. También ahí esta presente Jesús y nos da una oportunidad para encontrarnos con El, para pedirle que con su ayuda y nuestro esfuerzo podamos cambiar y transformar nuestras espinas en rosas, nuestra herida en manantial, en definitiva sacar lo mejor de mi. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da frutos.
Luego nos habla del conocimiento de la naturaleza, de la higuera. Podemos meditar y pasar por el corazón sobre nuestro autoconocimiento. San Ignacio habla de conocer nuestros lados flacos, debilidades, para estar atentos por ahí pasa la tentación del enemigo.
Nuestro manantial quizás muchas veces se opaca, no lo reconocemos, pidámosle la Gracia de Sentir y Gustar profundamente de mis dones, de mis talentos, cualidades, que todo sea para Amarme, para más Amar y servir a mis hermanos.
Aprovecho este encuentro de hoy con El y le comparto sobre mi vida, sobre mi manantial, sobre mis heridas. Nuestras consolaciones, alegrías, encuentros con que se vinculan? Pueden ser por el éxito, por un buen trabajo, por mis hijos, por ser jefe/a, por estar sirviendo o realmente por la presencia de Jesús en mi corazón, y al resto de las cosas ¿le puedo ser indiferente?
Entendimiento (re-flexión, comprensión, pensamientos) trato de darle nombre a cada herida y a cada don.
Luego con la inteligencia de saber que yo soy su Hijo muy querido, que Jesús me Ama, que soy mucho más que mi herida, a través de ella me ha permitido conocerme, aceptarme, crecer, puedo razonar diciendo: “soy más grande que mi dolor”, “soy más grande que aquella herida, mis dones me los regalo para compartirlos, para que los ponga a su servicio y haga posible en este mundo su Reino. “Soy su Hija/o muy querido”, “El pasó por situaciones de dolor, se entrego en la cruz por infinito Amor personal a mí.
Me despido con reverencia, y le doy gracias por este encuentro. Termino con una oración.
Examen de la Oración: El examen es volver a mirar, a recordar, para describir lo que me pasó durante la oración… Entonces con todo mi ser y en especial las tres potencias: Memoria (sentimientos, afectos, recuerdos) – Entendimiento (ideas, conexiones, reflexiones, comparaciones) – Voluntad (deseos, ganas, opciones). Miro las imágenes, los pensamientos que surgieron a raíz de las imágenes y los sentimientos que se me producen a raíz de las imágenes y pensamientos…
Lo fundamental es: ¿Qué es lo que me pasó? ¿Cómo me quedé? ¿Qué mociones (movimientos) descubro que tuve? Describir y Escribir.
* ¿Cómo estoy? ¿Cómo comencé? ¿El lugar, sirvió? ¿Tuve distracciones? ¿Qué me distraía? ¿Qué pensamientos me vinieron? De todas las frases que leí, ¿cuál fue la que me gustó? ¿Qué sentí? ¿Qué sentimientos predominaron? ¿Cómo terminé la oración? ¿Cómo me sentía?
Una vez que escribiste todo esto, describí todos los sentimientos que pudiste encontrar en todas las partes de la oración. Por ahora, advierto lo que siento y lo describo. Y lo escribo. En dónde sentiste más gusto, o al contrario, más disgusto, y también qué sentimiento te dominó…
A mayor Gloria de Dios:::...
MARTES 3 DE NOVIEMBRE 2009
ENCUENTRO TALLER: LA HERIDA Y EL MANANTIAL
Tomado del libro “Crecer bebiendo del propio pozo”, de Carlos Cabarrús S.J.
Una de las manifestaciones de la herida, es la baja estima personal. Brota de la herida y la retroalimenta.
Una estima adecuada se construye sobre estos cuatro puntos cardinales:
1. Capacidad de reconocer las propias cualidades
2. Capacidad para reconocer y trabajar los defectos personales. Reconocerlos y trabajarlos, es decir, no usarlos como justificación de la manera de ser, sino querer y hacer cosas consecuentes con esto, que permitan irlos superando poco a poco, que haga posible que vayan perdiendo magnitud.
3. Capacidad para reconocer y celebrar las cualidades de los otros.
4. Capacidad para acoger y soportar los defectos de los otros. Es decir, capacidad de no ser implacables antes los defectos de los demás.
La baja estima es un fenómeno auditivo; tiene que ver con un sistema de voces que hablan desde dentro a la misma persona: las voces que están grabadas y que le quitan su valor. Son voces negativas que dijeron en su casa (mamá, papá, hermanos), los amigos, La Iglesia, el colegio, la sociedad… “no vales, eres tonto, no sirves, nunca hablas, no sabes, no entiendes, eres pero que... etc..”.
Hay unos indicadores que ayudan a evaluar la baja estima:
• Autocrítica rigorista: ¿Me siento siempre o con mucha frecuencia mal conmigo mismo?
• Hipersensibilidad a la crítica: ¿Me siento siempre o con mucha frecuencia atacado/a y tengo resentimientos?
• Indecisión crónica: ¿Tengo miedo exagerado a equivocarme? ¿Me cuesta tomar decisiones?
• Deseo excesivo de complacer: ¿Puedo decir que no? ¿Hago cosas para que me quieran? ¿Siento que compro el afecto?
• Culpabilidad neurótica: ¿Me condeno por conductas no siempre malas objetivamente? ¿No es tan malo, pero yo en mí no lo perdono?
• Hostilidad flotante: ¿Me siento de ordinario agresivo?
• Actitud supercrítica: ¿Me siento mal, me disgusta, me decepciona casi todo? ¿Todo tiene su “pero”?
• Tendencia depresiva: ¿Me siento muchas veces deprimido?
La calificación (autoevaluación) de cada uno de estos ítems de 1 (nunca) a 10 (siempre), da una idea del nivel de estima. Puntuaciones iguales o superiores a cinco, dan una indicación clara de una baja estima.
Decíamos que nuestro corazón tenía dos caras. Hemos incursionado en el lado oscuro, en el lado de la parte vulnerada; vamos a hacerlo ahora en la parte lúcida nuestra. ¡Ese rostro positivo que poco conocemos, pues lamentablemente pocas veces nos permitimos entrar en él e, incluso, pocas veces tenemos alguna conciencia de que existe, de que es lo más hondo, valioso y auténtico de nosotros mismos!
Cuando se ha hecho un proceso que ha permitido reconocer y hacer un camino de curación de las heridas, y se ha logrado hacer consciente el proceso vulnerado que se ha vivido y el patrón de conducta negativo que se ha desprendido de allí, se abre entonces la posibilidad de reconocer y hacer un camino de redención, acogiendo y potenciando el pozo de la positividad y de las energías vitales. Este es el camino que lleva a desarrollar plenamente la dimensión humana: limpiar la herida desde el propio manantial.
Todo ello nos lleva a permitir la planificación de la existencia, que consiste en la capacidad de crear el amor y las condiciones para el mismo, y que se trasluce en unas relaciones armónicas conmigo mismo, con las demás personas, con el entorno y con Dios. Y en esto también Ignacio de Loyola nos dio su legado. ¡Cuando nos invita a reconocer la acción del mal en nosotros, no es para que nos quedemos en él sino para que justamente lo quitemos y le permitamos al bien –que existe y crece al interior de nuestra propia vida– manifestarse en nuestro modo de ser, de relacionarnos, de actuar...!
Reconocer nuestro pozo también tiene cierta facilidad, si –como nos sugiere Ignacio– aprendemos a evaluar lo que hacemos y sabemos analizar la realidad y la manera como podemos actuar en ella.
Esto significa que el crecimiento personal es un compromiso que sólo es posible si se nutre con el agua del propio pozo, el agua que nace del manantial interior. Es decir, tu manantial interior alimenta el pozo de tus cualidades, de tus potencialidades y hace que brote al exterior el rostro positivo de tu corazón. Detengámonos ahora un poco en tus potenciales...
Algunas ocurrencias para autoevaluarme
Tengo muchas cualidades y, tal vez nunca he hecho una cosecha de lo positivo:
• ¿Cuáles son esas cualidades que más valoro en mi misma/o?
• ¿Cuáles son las que me dicen con mayor frecuencia, aunque me cueste aceptarlas?
• ¿Cuáles me hacen sentir gozo, gusto por tenerlas?
• ¿Cuáles me han causado dificultades? Lo más importante es conocer mis fuerzas internas personales que alimentan ese cúmulo de cualidades.
• ¿Qué fuerzas mías nunca me abandonan sino que me han hecho salir de las situaciones difíciles?
• ¿Qué es eso que me da más intimidad, más identidad, más sentido?
Las enumero, porque por ahí ha de estar mi manantial...
Recolección de mis cualidades
El objetivo de este ejercicio es tener un contacto con las cualidades personales. Hago la lista de todas mis cualidades (las que conozco y las que me dicen) y las califico de 1 a 10 según lo sé (porque me lo han dicho) o lo siento
• Las reorganizo en manojos: cabeza, corazón, relación con Dios....
• Estudio el cuadro, lo analizo.... ¿Qué congruencia hay entre lo “lo sé” y “lo siento”. Comparo las puntuaciones.
• Del estudio del cuadro saco el NER, fijándome en el número total de cualidades y en qué grupo tengo mayor número de ellas. ¿Qué elementos paso por alto o descuido?
“Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesada sobre sus espaldas. Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante unos años, el hombre hizo el mismo trayecto, la vasija más joven estaba siempre orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aún sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
- Quiero pedirte disculpas ya que debido a mi largo uso, solo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo: “Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino”. Así lo hizo, Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
- ¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –Comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tu no fueras como eres, ¿Cómo podría haberlo hecho?
A mayor Gloria de Dios::...
Tomado del libro “Crecer bebiendo del propio pozo”, de Carlos Cabarrús S.J.
Una de las manifestaciones de la herida, es la baja estima personal. Brota de la herida y la retroalimenta.
Una estima adecuada se construye sobre estos cuatro puntos cardinales:
1. Capacidad de reconocer las propias cualidades
2. Capacidad para reconocer y trabajar los defectos personales. Reconocerlos y trabajarlos, es decir, no usarlos como justificación de la manera de ser, sino querer y hacer cosas consecuentes con esto, que permitan irlos superando poco a poco, que haga posible que vayan perdiendo magnitud.
3. Capacidad para reconocer y celebrar las cualidades de los otros.
4. Capacidad para acoger y soportar los defectos de los otros. Es decir, capacidad de no ser implacables antes los defectos de los demás.
La baja estima es un fenómeno auditivo; tiene que ver con un sistema de voces que hablan desde dentro a la misma persona: las voces que están grabadas y que le quitan su valor. Son voces negativas que dijeron en su casa (mamá, papá, hermanos), los amigos, La Iglesia, el colegio, la sociedad… “no vales, eres tonto, no sirves, nunca hablas, no sabes, no entiendes, eres pero que... etc..”.
Hay unos indicadores que ayudan a evaluar la baja estima:
• Autocrítica rigorista: ¿Me siento siempre o con mucha frecuencia mal conmigo mismo?
• Hipersensibilidad a la crítica: ¿Me siento siempre o con mucha frecuencia atacado/a y tengo resentimientos?
• Indecisión crónica: ¿Tengo miedo exagerado a equivocarme? ¿Me cuesta tomar decisiones?
• Deseo excesivo de complacer: ¿Puedo decir que no? ¿Hago cosas para que me quieran? ¿Siento que compro el afecto?
• Culpabilidad neurótica: ¿Me condeno por conductas no siempre malas objetivamente? ¿No es tan malo, pero yo en mí no lo perdono?
• Hostilidad flotante: ¿Me siento de ordinario agresivo?
• Actitud supercrítica: ¿Me siento mal, me disgusta, me decepciona casi todo? ¿Todo tiene su “pero”?
• Tendencia depresiva: ¿Me siento muchas veces deprimido?
La calificación (autoevaluación) de cada uno de estos ítems de 1 (nunca) a 10 (siempre), da una idea del nivel de estima. Puntuaciones iguales o superiores a cinco, dan una indicación clara de una baja estima.
Decíamos que nuestro corazón tenía dos caras. Hemos incursionado en el lado oscuro, en el lado de la parte vulnerada; vamos a hacerlo ahora en la parte lúcida nuestra. ¡Ese rostro positivo que poco conocemos, pues lamentablemente pocas veces nos permitimos entrar en él e, incluso, pocas veces tenemos alguna conciencia de que existe, de que es lo más hondo, valioso y auténtico de nosotros mismos!
Cuando se ha hecho un proceso que ha permitido reconocer y hacer un camino de curación de las heridas, y se ha logrado hacer consciente el proceso vulnerado que se ha vivido y el patrón de conducta negativo que se ha desprendido de allí, se abre entonces la posibilidad de reconocer y hacer un camino de redención, acogiendo y potenciando el pozo de la positividad y de las energías vitales. Este es el camino que lleva a desarrollar plenamente la dimensión humana: limpiar la herida desde el propio manantial.
Todo ello nos lleva a permitir la planificación de la existencia, que consiste en la capacidad de crear el amor y las condiciones para el mismo, y que se trasluce en unas relaciones armónicas conmigo mismo, con las demás personas, con el entorno y con Dios. Y en esto también Ignacio de Loyola nos dio su legado. ¡Cuando nos invita a reconocer la acción del mal en nosotros, no es para que nos quedemos en él sino para que justamente lo quitemos y le permitamos al bien –que existe y crece al interior de nuestra propia vida– manifestarse en nuestro modo de ser, de relacionarnos, de actuar...!
Reconocer nuestro pozo también tiene cierta facilidad, si –como nos sugiere Ignacio– aprendemos a evaluar lo que hacemos y sabemos analizar la realidad y la manera como podemos actuar en ella.
Esto significa que el crecimiento personal es un compromiso que sólo es posible si se nutre con el agua del propio pozo, el agua que nace del manantial interior. Es decir, tu manantial interior alimenta el pozo de tus cualidades, de tus potencialidades y hace que brote al exterior el rostro positivo de tu corazón. Detengámonos ahora un poco en tus potenciales...
Algunas ocurrencias para autoevaluarme
Tengo muchas cualidades y, tal vez nunca he hecho una cosecha de lo positivo:
• ¿Cuáles son esas cualidades que más valoro en mi misma/o?
• ¿Cuáles son las que me dicen con mayor frecuencia, aunque me cueste aceptarlas?
• ¿Cuáles me hacen sentir gozo, gusto por tenerlas?
• ¿Cuáles me han causado dificultades? Lo más importante es conocer mis fuerzas internas personales que alimentan ese cúmulo de cualidades.
• ¿Qué fuerzas mías nunca me abandonan sino que me han hecho salir de las situaciones difíciles?
• ¿Qué es eso que me da más intimidad, más identidad, más sentido?
Las enumero, porque por ahí ha de estar mi manantial...
Recolección de mis cualidades
El objetivo de este ejercicio es tener un contacto con las cualidades personales. Hago la lista de todas mis cualidades (las que conozco y las que me dicen) y las califico de 1 a 10 según lo sé (porque me lo han dicho) o lo siento
• Las reorganizo en manojos: cabeza, corazón, relación con Dios....
• Estudio el cuadro, lo analizo.... ¿Qué congruencia hay entre lo “lo sé” y “lo siento”. Comparo las puntuaciones.
• Del estudio del cuadro saco el NER, fijándome en el número total de cualidades y en qué grupo tengo mayor número de ellas. ¿Qué elementos paso por alto o descuido?
Un cuento para cerrar…
“Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesada sobre sus espaldas. Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante unos años, el hombre hizo el mismo trayecto, la vasija más joven estaba siempre orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aún sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
- Quiero pedirte disculpas ya que debido a mi largo uso, solo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo: “Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino”. Así lo hizo, Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
- ¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –Comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tu no fueras como eres, ¿Cómo podría haberlo hecho?
A mayor Gloria de Dios::...
Martes 27 de Octubre: Taller Ignaciano
GUÍA PARA LA ORACIÓN:
los pasos que te pueden ayudar para la oración, son:
Preparación de la Oración - Presencia de Dios - Escucho a Dios - Coloquio
Examen de la oración
.: Preparación de la Oración => busco un lugar donde pueda rezar, determino el tiempo de oración, también una postura corporal cómoda y relajada, me tranquilizo, tomo conciencia de las sensaciones, sonidos, la respiración y del Silencio.
.: Me dispongo a sentirme en la Presencia de Dios => le abro la puerta de mi corazón a Dios. Busco encontrar en mi interior la presencia del Señor y eso es lo único importante… Me presento ante Él. Siento que Dios me mira, me escucha, me conoce…
# Ofrecimiento de este momento de oración para que sea un encuentro con Dios, me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy con mis palabras o las de Ignacio:
“Pido a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.”
[EE 46: Oración Preparatoria, nos ayuda a disponernos en la clave del Principio y Fundamento]
# Preámbulos
1º) Composición viendo el lugar: [EE 47].
2º) Petición: será “demandar/pedir a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo” [EE 48].
.: Escucho a Dios => Leo despacio el texto con el que voy a rezar gustando cada palabra, cada frase, cuando encuentro algo con un sabor especial o donde siento que Dios me habla, me detengo, repito suavemente la frase, trato de meditar con el corazón, con los afectos. No es necesario terminar el texto, lo importante es profundizar y detenerme donde Dios me da a sentir algo especial. No se trata ni de pensar, ni de hacer reflexiones, sino sentir y gustar internamente.
.: Coloquio => Hablo con Dios o María en un diálogo libre de corazón a corazón…
Es un momento para estar con Dios, tiempo para hacer memoria ante Dios de lo que he descubierto y para darle una respuesta según lo que he visto, para ofrecerme por entero ante un don tan grande, comprometiendo toda mi libertad y toda mi voluntad; es el tiempo de la ofrenda sin reservas para vivir lo que he descubierto y no es para sacar conclusiones.
Mi yo habla a un Vos, a partir de lo que se me ha dado en esta oración en particular.
Me despido con reverencia, y le doy gracias por este encuentro. Termino con una oración.
.: Examen de la Oración: es un modo de orar para San Ignacio… después de la oración, dedico un tiempo a distanciarme para releer la manera en que la he vivido.
Primera anotación: Con el nombre de Ejercicios Espirituales, se quiere significar todo modo de examinar la conciencia, meditar, contemplar, orar vocal y mentalmente así como de otras actividades que más adelante se explicarán. En efecto: así como el pasear, caminar y correr son ejercicios físicos; de la misma manera cualquier modo que ayude a preparar y disponer el alma para quitar los afectos desordenados y, después de quitados, buscar y encontrar la voluntad divina y salvar el alma, se llaman Ejercicios Espirituales. [EE 1]
Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar la propia vida sin dejarse dominar por afecto que sea desordenado. [EE 21]
Ignacio recomienda no hacer el examen inmediatamente después de terminar la oración. Me tomo un momento, cambio de postura o lugar, sin olvidar que el examen también es oración.
En el examen de la oración no hacer juicio de valores. Vamos a volver a mirar, a recordar, para describir lo que me pasó durante el tiempo de la oración. Y ¿qué cosas miro? las imágenes, los pensamientos que surgieron a raíz de las imágenes y los sentimientos que se me producen a raíz de las imágenes y pensamientos.
Lo fundamental es: ¿Qué es lo que me pasó? ¿Cómo me quedé?
Recordar (del latín: cordis = corazón)
“re-cordar” es volver a pasar por el corazón lo que viví durante la oración.
Y ¿qué es lo que vamos a mirar, y qué es lo que vamos a recordar?
- ¿Cómo estaba? Voy a traer a la memoria cómo estaba antes de comenzar la oración.
- ¿Me sirvió el lugar que elegí? ¿Pude rezar? ¿fue bueno para tu oración ese lugar?
- ¿Me pude relajar? ¿me distraje? ¿qué me distrajo?
- ¿Fui fiel al tiempo que me propuse rezar?
En los puntos siguientes encontramos la Clave de la Oración Ignaciana:
* ¿Qué pensamientos tuve (me vinieron durante la oración)?¿Qué frases, qué ideas?
* Este pensamiento que me vino me hizo acordar de tal cosa y sentir tal cosa.
Esto es más difícil, porque el sentimiento te compromete. Por eso lo importante es describir tus sentimientos: ¿qué sentiste? ¿qué pensamientos te vienen? Todos, tanto los que creo que son buenos como los que creo malos. Los pensamientos y los sentimientos que se contraponen... Describir y Escribir.
Como resultado de este proceso de examen vamos a obtener LA MOCIÓN
¿Qué es la moción? la moción es un Estado Espiritual que engloba todo, por eso, una vez que hice este proceso me pregunto: ¿cómo estoy en conjunto? Y descubro el Estado Espiritual que mueve mi voluntad, ¿cómo me quedé luego de esta oración?
Recién ahí voy a DISCERNIR a qué me mueve. La clave es: Descubrir y Discernir…
Resumiendo: los pasos son:
.: Describir todo, luego lo analizo, y veo el resultado.
.: ¿Cómo estoy? Esa es la moción. A la moción no la podés engañar, porque es lo que sentís.
Así examinamos nuestra oración. Esto nos puede ayudar también a examinar nuestro día:
La Pausa Diaria
Me voy relajando, acallando el ruido interior y tomando conciencia de que voy a hablar con Alguien que me acompaña.
1. Pido luz, ser lúcido, intentado vivir en transparencia: “sin el misterio de la luz la vida completa se vuelve laberinto”.
2. “Por dónde pasa mi Señor”. Voy recorriendo la jornada, viendo las pequeñas o grandes presencias de Dios en las personas, en los sucesos, en los sentimientos, en las lecturas, o en el trabajo bien realizado...
3. Doy gracias reconociendo tanto bien recibido y tanto bien dado durante este día.
4. Pido perdón por todo lo ambiguo, erróneo, dañino o negativo que haya podido hacer.
5. “¿Señor, qué quieres que haga?”. Pienso en cómo espera el Señor que actúe mañana.
En el último taller veremos: Reglas de discernimiento.
Toma Señor [EE 234]
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad,
todo mi haber y poseer; Vos me lo diste, a Vos, Señor, lo torno;
todo es tuyo, disponed a tu voluntad;
dame tu amor, dame tu gracia, que ésta me basta.
Ahora hagamos el examen… anotar:
.: ¿Cómo estoy? ¿Cómo comencé? ¿El lugar, sirvió? ¿Tuve distracciones? ¿Qué me distraía? ¿Qué pensamientos me vinieron? De todas las frases que leí, ¿cuál fue la que me gustó? ¿Qué sentí? ¿Qué sentimientos predominaron? ¿Cómo terminé la oración? ¿Cómo me sentía?
.: Una vez que escribiste todo esto, describí todos los sentimientos que pudiste descubrir en todas las partes de la oración. Por ahora, advierto lo que siento y lo describo. Y lo escribo.
DESCRIBIR Y ESCRIBIR.
En dónde sentiste más gusto, o al contrario, más disgusto, y también qué sentimiento te dominó.
Pensamientos y Sentimientos están muy unidos, actúan juntos, pero siempre es bueno en el momento de discernir saber cuáles son los pensamientos que produjeron el sentimiento para después aprender a ver qué pensamientos surgen del sentimiento que tengo.
Primero tengo que ver que pensamientos hay en mí y cómo resuena eso en el corazón.
¿Cómo se hace? Esto lo veremos en el próximo taller: solo un anticipo, es fundamental en el discernimiento el confrontar con otra persona a la que llamamos Acompañante Espiritual.
*
Oración
“Jesús, hijo de David, ten piedad de mí”
Preparación de la Oración
Me dispongo a sentirme en la Presencia de Dios
Ofrezco este momento de oración, para que sea un momento de encuentro con Dios, y me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy.
Oración Preparatoria [EE 46]: “Pido a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.”
Preámbulos
1º) Composición viendo el lugar: [EE 47].
2º) Petición: [EE 48]. “Señor, que vea.”
Escucho a Dios
San Marcos 10,46-52
Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo-Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama". Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver". Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Para profundizar: Jesús esta con una multitud. Camina con sus discípulos. Hace milagros, sana las dolencias de la gente, les devuelve la paz del corazón al perdonarles los pecados. Escucha a los que lo llaman insistentemente como a este ciego. Se acerca a el y le hace una pregunta obvia”¿Qué quieres que haga por ti? ¿Jesús no se da cuenta lo que le pasa al ciego? No se da cuenta lo que nos pasa a nosotros?
Si, se da cuenta. Pero quiere que nosotros nos hagamos cargo de nuestra vida. Espera que aprendamos a pedir desde lo más profundo de nuestro corazón aquello que realmente necesitamos.
Contempla la escena, mira lo que hacen los personajes, escucha lo que dicen, trata de “sentir” los sentimientos de Jesús.
Termina tu oración dando gracias por este encuentro con el Señor.
*
los pasos que te pueden ayudar para la oración, son:
Preparación de la Oración - Presencia de Dios - Escucho a Dios - Coloquio
Examen de la oración
.: Preparación de la Oración => busco un lugar donde pueda rezar, determino el tiempo de oración, también una postura corporal cómoda y relajada, me tranquilizo, tomo conciencia de las sensaciones, sonidos, la respiración y del Silencio.
.: Me dispongo a sentirme en la Presencia de Dios => le abro la puerta de mi corazón a Dios. Busco encontrar en mi interior la presencia del Señor y eso es lo único importante… Me presento ante Él. Siento que Dios me mira, me escucha, me conoce…
# Ofrecimiento de este momento de oración para que sea un encuentro con Dios, me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy con mis palabras o las de Ignacio:
“Pido a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.”
[EE 46: Oración Preparatoria, nos ayuda a disponernos en la clave del Principio y Fundamento]
# Preámbulos
1º) Composición viendo el lugar: [EE 47].
2º) Petición: será “demandar/pedir a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo” [EE 48].
.: Escucho a Dios => Leo despacio el texto con el que voy a rezar gustando cada palabra, cada frase, cuando encuentro algo con un sabor especial o donde siento que Dios me habla, me detengo, repito suavemente la frase, trato de meditar con el corazón, con los afectos. No es necesario terminar el texto, lo importante es profundizar y detenerme donde Dios me da a sentir algo especial. No se trata ni de pensar, ni de hacer reflexiones, sino sentir y gustar internamente.
.: Coloquio => Hablo con Dios o María en un diálogo libre de corazón a corazón…
Es un momento para estar con Dios, tiempo para hacer memoria ante Dios de lo que he descubierto y para darle una respuesta según lo que he visto, para ofrecerme por entero ante un don tan grande, comprometiendo toda mi libertad y toda mi voluntad; es el tiempo de la ofrenda sin reservas para vivir lo que he descubierto y no es para sacar conclusiones.
Mi yo habla a un Vos, a partir de lo que se me ha dado en esta oración en particular.
Me despido con reverencia, y le doy gracias por este encuentro. Termino con una oración.
.: Examen de la Oración: es un modo de orar para San Ignacio… después de la oración, dedico un tiempo a distanciarme para releer la manera en que la he vivido.
Primera anotación: Con el nombre de Ejercicios Espirituales, se quiere significar todo modo de examinar la conciencia, meditar, contemplar, orar vocal y mentalmente así como de otras actividades que más adelante se explicarán. En efecto: así como el pasear, caminar y correr son ejercicios físicos; de la misma manera cualquier modo que ayude a preparar y disponer el alma para quitar los afectos desordenados y, después de quitados, buscar y encontrar la voluntad divina y salvar el alma, se llaman Ejercicios Espirituales. [EE 1]
Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar la propia vida sin dejarse dominar por afecto que sea desordenado. [EE 21]
Ignacio recomienda no hacer el examen inmediatamente después de terminar la oración. Me tomo un momento, cambio de postura o lugar, sin olvidar que el examen también es oración.
En el examen de la oración no hacer juicio de valores. Vamos a volver a mirar, a recordar, para describir lo que me pasó durante el tiempo de la oración. Y ¿qué cosas miro? las imágenes, los pensamientos que surgieron a raíz de las imágenes y los sentimientos que se me producen a raíz de las imágenes y pensamientos.
Lo fundamental es: ¿Qué es lo que me pasó? ¿Cómo me quedé?
Recordar (del latín: cordis = corazón)
“re-cordar” es volver a pasar por el corazón lo que viví durante la oración.
Y ¿qué es lo que vamos a mirar, y qué es lo que vamos a recordar?
- ¿Cómo estaba? Voy a traer a la memoria cómo estaba antes de comenzar la oración.
- ¿Me sirvió el lugar que elegí? ¿Pude rezar? ¿fue bueno para tu oración ese lugar?
- ¿Me pude relajar? ¿me distraje? ¿qué me distrajo?
- ¿Fui fiel al tiempo que me propuse rezar?
En los puntos siguientes encontramos la Clave de la Oración Ignaciana:
* ¿Qué pensamientos tuve (me vinieron durante la oración)?¿Qué frases, qué ideas?
* Este pensamiento que me vino me hizo acordar de tal cosa y sentir tal cosa.
Esto es más difícil, porque el sentimiento te compromete. Por eso lo importante es describir tus sentimientos: ¿qué sentiste? ¿qué pensamientos te vienen? Todos, tanto los que creo que son buenos como los que creo malos. Los pensamientos y los sentimientos que se contraponen... Describir y Escribir.
Como resultado de este proceso de examen vamos a obtener LA MOCIÓN
¿Qué es la moción? la moción es un Estado Espiritual que engloba todo, por eso, una vez que hice este proceso me pregunto: ¿cómo estoy en conjunto? Y descubro el Estado Espiritual que mueve mi voluntad, ¿cómo me quedé luego de esta oración?
Recién ahí voy a DISCERNIR a qué me mueve. La clave es: Descubrir y Discernir…
Resumiendo: los pasos son:
.: Describir todo, luego lo analizo, y veo el resultado.
.: ¿Cómo estoy? Esa es la moción. A la moción no la podés engañar, porque es lo que sentís.
Así examinamos nuestra oración. Esto nos puede ayudar también a examinar nuestro día:
La Pausa Diaria
Me voy relajando, acallando el ruido interior y tomando conciencia de que voy a hablar con Alguien que me acompaña.
1. Pido luz, ser lúcido, intentado vivir en transparencia: “sin el misterio de la luz la vida completa se vuelve laberinto”.
2. “Por dónde pasa mi Señor”. Voy recorriendo la jornada, viendo las pequeñas o grandes presencias de Dios en las personas, en los sucesos, en los sentimientos, en las lecturas, o en el trabajo bien realizado...
3. Doy gracias reconociendo tanto bien recibido y tanto bien dado durante este día.
4. Pido perdón por todo lo ambiguo, erróneo, dañino o negativo que haya podido hacer.
5. “¿Señor, qué quieres que haga?”. Pienso en cómo espera el Señor que actúe mañana.
En el último taller veremos: Reglas de discernimiento.
Toma Señor [EE 234]
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad,
todo mi haber y poseer; Vos me lo diste, a Vos, Señor, lo torno;
todo es tuyo, disponed a tu voluntad;
dame tu amor, dame tu gracia, que ésta me basta.
Ahora hagamos el examen… anotar:
.: ¿Cómo estoy? ¿Cómo comencé? ¿El lugar, sirvió? ¿Tuve distracciones? ¿Qué me distraía? ¿Qué pensamientos me vinieron? De todas las frases que leí, ¿cuál fue la que me gustó? ¿Qué sentí? ¿Qué sentimientos predominaron? ¿Cómo terminé la oración? ¿Cómo me sentía?
.: Una vez que escribiste todo esto, describí todos los sentimientos que pudiste descubrir en todas las partes de la oración. Por ahora, advierto lo que siento y lo describo. Y lo escribo.
DESCRIBIR Y ESCRIBIR.
En dónde sentiste más gusto, o al contrario, más disgusto, y también qué sentimiento te dominó.
Pensamientos y Sentimientos están muy unidos, actúan juntos, pero siempre es bueno en el momento de discernir saber cuáles son los pensamientos que produjeron el sentimiento para después aprender a ver qué pensamientos surgen del sentimiento que tengo.
Primero tengo que ver que pensamientos hay en mí y cómo resuena eso en el corazón.
¿Cómo se hace? Esto lo veremos en el próximo taller: solo un anticipo, es fundamental en el discernimiento el confrontar con otra persona a la que llamamos Acompañante Espiritual.
*
Oración
“Jesús, hijo de David, ten piedad de mí”
Preparación de la Oración
Me dispongo a sentirme en la Presencia de Dios
Ofrezco este momento de oración, para que sea un momento de encuentro con Dios, y me ofrezco a mí mismo con todo lo que soy.
Oración Preparatoria [EE 46]: “Pido a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.”
Preámbulos
1º) Composición viendo el lugar: [EE 47].
2º) Petición: [EE 48]. “Señor, que vea.”
Escucho a Dios
San Marcos 10,46-52
Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo-Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama". Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver". Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Para profundizar: Jesús esta con una multitud. Camina con sus discípulos. Hace milagros, sana las dolencias de la gente, les devuelve la paz del corazón al perdonarles los pecados. Escucha a los que lo llaman insistentemente como a este ciego. Se acerca a el y le hace una pregunta obvia”¿Qué quieres que haga por ti? ¿Jesús no se da cuenta lo que le pasa al ciego? No se da cuenta lo que nos pasa a nosotros?
Si, se da cuenta. Pero quiere que nosotros nos hagamos cargo de nuestra vida. Espera que aprendamos a pedir desde lo más profundo de nuestro corazón aquello que realmente necesitamos.
Contempla la escena, mira lo que hacen los personajes, escucha lo que dicen, trata de “sentir” los sentimientos de Jesús.
Termina tu oración dando gracias por este encuentro con el Señor.
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